lunes, julio 23, 2007

UNA NUEVA PLATAFORMA DEMOCRÁTICA



La situación política venezolana requiere de la conformación de un contrapeso ideológico y político, democrático y plural que frene las pretensiones hegemónicas y anti-populares del proyecto oficialista. Y es que en nuestro país, ahora se pretende iniciar la búsqueda de la utopía socialista -como modelo de organización política, económica y social-pese a que el encuentro de cada pueblo en particular con esa utopía, ha resultado un auténtico fracaso histórico.

¿Es posible entonces, repensar al país con una visión de futuro, luego de los fallidos intentos por alcanzar el desarrollo y la prosperidad; mediante la democracia representativa (1958-1998) y posteriormente, por medio, de la democracia autoritativa y limitada (1999-2007)? Pensamos, que además de posible, es extremadamente importante para superar la crisis de gobernabilidad que atraviesa el país y emprender la construcción de un modelo de desarrollo democrático, incluyente y sostenible.

En términos generales, una propuesta democrática alternativa tendría que fundamentarse en la igualdad de oportunidades y en la reducción sistemática de la pobreza en un marco del respeto a la libertad y a los derechos humanos. Esta propuesta de alternativa democrática también supondría la descentralización y desconcentración de la gestión pública; y, el fortalecimiento real y efectivo de la participación del pueblo en la toma de las decisiones públicas y en consecuencia, significaría la resolución del falso dilema entre la democracia representativa y la democracia participativa.

Por otra parte, y en el campo estrictamente económico, la nueva plataforma democrática se orientaría hacia la formación de una economía diversificada, sostenible y próspera que pueda afrontar con efectividad los retos de la globalización y, superar la volatilidad del rentismo petrolero. Uno de los retos más importantes para Venezuela y su gobierno lo constituye la superación del estatismo económico, del excesivo y discrecional intervencionismo del aparato público en espacios naturales para la actividad de los ciudadanos y sus expresiones asociativas productivas. Lo que sí debe impulsar el Estado en un nuevo marco democrático es la creación de unas “reglas de juego” estables que generen confianza para la inversión privada, las iniciativas populares; así como la revalorización del papel del trabajo y del trabajador en el proceso productivo.

En el ámbito social, resulta estratégica la creación de las condiciones para lograr la igualdad de oportunidades para el pueblo y para favorecer la universalización real de los derechos sociales, como núcleo central de esta alternativa democrática. A un modelo democrático alternativo, al autoritarismo y al socialismo le corresponde orientarse hacia la disminución de las desigualdades e inequidades sociales. En Venezuela, se hace impostergable el impulso de una nueva democracia incluyente, donde la justicia ocupe el lugar que le corresponde y las relaciones entre ciudadanos y ciudadanas se caractericen por el respeto, la tolerancia y la equidad.

Desde un nuevo enfoque democrático, el fortalecimiento de la soberanía nacional y la participación venezolana en el concierto internacional de naciones de manera independiente son temas relevantes. En una nueva propuesta democrática, la soberanía de Venezuela debe ser sinónimo de una política internacional promotora y defensora de la libertad, de la cooperación entre los pueblos, de la paz y de la tolerancia en el marco de las relaciones multilaterales y bilaterales.

Por último, el elemento organizativo constituye un aspecto crucial en todo proceso de lanzamiento de cualquier plataforma política. Por las condiciones que atraviesa el país, la adecuada conformación de una plataforma democrática reúne condiciones estratégicas. De ello, no hay dudas. Sin embargo, y por su propia importancia el tema partidista debe abordarse con mesura y precisión. Al respecto, se debe estar claro en la importancia del establecimiento de adecuados métodos de dirección y relación entre los militantes, simpatizantes y allegados fundamentados en la ética, en la cercanía, en la credibilidad y en la confianza. De la misma manera, en este contexto organizativo, la plataforma democrática debe comenzar a plantearse estrategias de relación con el mundo asociativo de los sectores populares y sectores medios de la población venezolana. Y la base de esa relación tendrá que ser el respeto a la autonomía de tales organizaciones. En realidad, no hay mucho tiempo ni oportunidades para repetir los errores del pasado; tanto reciente como lejano.

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