Este pasado 24 de junio se celebró el 205
aniversario de la Batalla de Carabobo evento histórico que sellaba la
independencia de Venezuela del dominio de la corona de España. Sin embargo esa
fecha tomó de ahora en adelante otra significación tras los dos evento
telúricos que sacudieron al país. Y en efecto, 2 terremotos consecutivos de 7.1 y 7.5 grados en un lapso de 39
segundos son un evento sísmico trágico e inolvidable que cambio la vida de
millones de venezolanos y de toda una nación. La trascendencia de los terremotos
se magnificó sobre todo porque se produjo en áreas urbanas muy pobladas de Venezuela
como Caracas (capital del país, especialmente en la zona norte de la ciudad que
comprende El Junquito, La Pastora, Altamira y Los Palos Grandes) y zonas
aledañas como buena parte del litoral central Catia La Mar, Maiquetía, La
Guaira, Caraballeda, Macuto, etc). Además, el evento ocurrió en un día feriado,
con lo cual fue mucho más letal.
Hasta
la tragedia mayor se ubica justamente en ele litoral centra en casi toda su
franja costera con especial saña en Catia La Mar y Caraballeda. Sectores en los
cuales hubo una cantidad apreciable de edificaciones derrumbadas y pérdidas
humanas aún no cuantificadas. También en la parroquia caraqueña de El Junquito
los seísmos causaron daños notables al igual que en el municipio Chacao notable
por su modernismo urbanístico ahora más cuestionado por las perdidas ocasionadas
por lo movimientos telúricos.
Voceros
oficiales (a este momento) señalaron que según cálculos aproximados unas 70 mil
familias se habrían visto afectadas, además se han estimado 30 mil desaparecidos
sin que aún se conozca el rostro más macabro de los terremotos: la cantidad de
fallecidos. Por tora parte, hubo un masivo derrumbe de edificaciones
comerciales, asistenciales y residenciales tanto públicas (pertenecientes a la Gran
Misión Vivienda Venezuela) como también privadas. El tratamiento del evento sobrevenido
contó con dos agravantes adicionales; el primero de ellos ha sido la muy lenta
respuesta gubernamental, cuyo liderazgo carece de legitimidad ante la población
y, el segundo fallo es la ausencia de la acción auxiliar de las fuerzas armadas
nacionales que ha significado un retraso notable en las labores de rescate. Hay
miles de ciudadanos desesperados pidiendo auxilio sin que el rescate gubernamental
se haya iniciado al menos hasta el momento de escribir esta nota.
La tragedia de Vargas desnudó uno de los mayores fracasos del gobierno
en materia de políticas públicas en cuanto a la ordenación del territorio, así como
también en el crucial tema de la ordenación urbanística de las áreas afectadas destacando
Caraballeda (en el litoral de La Guaira) y la zona norte del municipio Chacao
Altamira y Los Palos Grandes). Estas omisiones son mucho más graves al considerar
los antecedentes ocurridos en las zonas en 1967 y 1999. Además, comienza a
emerger sospechas sobre los proyectos y
los materiales empleados en la construcción de los desarrollos urbanísticos
desarrollados en los últimos 27 años.
La llegada de ayuda externa abre una rendija de esperanza para el inicio del proceso de auxilio y rescate. Sólo nos toca orar!

