El paso
sábado 20 de junio fui a un paseo “full day” por las costas del litoral central
venezolano. El viaje se inició en el municipio Chacao, en el lugar de encuentro
acordado, de donde partimos un grupo de 18 personas (incluyendo el chofer y 3 guías) a las 6:00 de la mañana, lo que supuso que tuviera que levantarme a
las 4:00 de la madrugada para terminar nuestra preparación y salida hacia el
punto de encuentro.
Llegamos
un ratito antes de la hora acordada, y vimos paso a paso como se conformó el pequeño
grupo familiar de viajeros madrugadores y empeñosos. Había un buen ambiente. El
recorrido que comenzó en Caracas (área metropolitana) comprendió un recorrido
previo y obligatorio por la autopista hacia La Guaira, y transitar por
Maiquetía, Macuto, Caraballeda (que lucía muy moderna y limpia y donde), Tanaguarena,
Naiguatá, Camurí, Anare y Care todas poblaciones con su halo de cierto misterio
(sobre todo Anare y Care que han crecido mucho) hasta llegar al Centro
Vacacional Los Caracas. Caraballeda tuvo particular relevancia porque allí
recogimos a la última participante del paseo, una señora sola adulta y bien
trajeada que aparentemente residía o vacacionaba en esa zona.
El Centro
Vacacional Los Caracas fue construido en la gestión de Marcos Pérez Jiménez
(militar que mantuvo una dictadura entre 1948 y 1958), esta locación muy grande
y bien estructurada fue abandonada posteriormente para ser relativamente recuperada
en tiempos recientes. Las instalaciones de Los Caracas aún nos dejan dudas en
cuanto a su futuro mantenimiento y mucho más ahora.
Allí, fue
el punto de partida formal para el recorrido de la Costa Verde. Y allí coincidimos
con otros autobuses turísticos que se dirigían hacia rutas similares con grupos
de empleados públicos. Nuestro grupo contó con la intervención de las 2
asistentes que trataron de narrar anécdotas de cada uno de los poblados
previos, aunque con buena intención, pero con imprecisiones (les tocará mejorar
el guion).
De Los Caracas
en adelante comenzamos a subir hacia la Costa Verde, en este orden:
Quebrada
seca una micro comunidad en la montaña; seguimos a Osma (una hacienda cacaotera
en la colonial) donde desayunamos con base a una oferta de empanadas (pescado,
carne molida o mechada, queso) dos por personas acompañada d papelón con limón
y café. Seguimos hacia la comunidad de Oritapo y luego Todasana (también un
asentamiento agrícola en su pasado) donde bajamos a Playa Larga, una playa
hermosa pero oceánica con mucho riesgo para bañistas turistas y aficionados,
pero contemplamos y nos maravillamos frente a un mar muy picado y de oleaje
fuerte.
Seguimos Urama
(en su pasado colonial otra hacienda) donde bajamos a Playa La Cueva donde sí
aprovechamos para bañarnos, pero con la consecuencia de ser fácilmente zarandeados
por el fuerte oleaje, a pesar de que la playa tenía cierta protección natural
por las rocas. Hubo varias víctimas del oleaje, uno más golpeados que otros,
pero golpeados al fin. De allí, comenzamos a concluir que para este tipo de
paseo había que “estar en plena forma física”. Continuamos hacia el llamado Chorrerón
de La Sabana un paraje muy agreste que comprendía un pozo profundo al borde de
una cascada natural, pero que por la época no tenía el volumen acostumbrado
según nos explicaron nuestras guías. No nos quedamos mucho pues de pronto llegaron
un grupo de jóvenes lugareños que tomaron el lugar y en realidad, el espacio se
hizo chico. Además, el sitio no ofrecía mucho atractivo.
El paseo
continuó hacia Caruao con su río y playa; con su actividad de pescadores. Caruao
fue la localidad que nos agradó más en pueblo sencillo como los demás, pero
donde se combinaba de manera equilibrada el mar y el río. Un espacio natural muy
pacífico e inspirador, una parada repetible, aunque distante. En Caruao, almorzamos
y, que otra cosa que pescado frito con tostones y ensalada mixta; es decir, la
típica oferta del litoral central. Me hubiera gustado quedarme en Caruao, pero
había que continuar hacia el final del recorrido: la población de Guayabal y
allí el río Dos Puertas. Esta población está ubicada en los límites del estado
La Guaira (antes Vargas) y el estado Miranda. Por cierto, la gente de la
comunidad fue de lo más amble con todos nosotros, casi que naturalmente
preparada para atender los visitantes.
La atracción
principal de fue naturalmente el río Dos Puertas, muy cercano a la comunidad cruzando
2 riachuelos previos. El ambiente era claramente montañoso pero húmedo. El río
Dos Puertas era la verdadera atracción, estaba lleno de visitantes del pueblo,
de otros tours y por supuesto, de nuestro grupo. El río había albergado en
algún momento una pequeña represa de la cual quedaba parte un dique y restos de
su tubería. Tenía una cascada con bastante fuerza donde las personas podían
bañarse e incluso nos comentaron que rio arriba existían otros pozos, pero de
acceso un poco más dificultoso.
Del rio
Dos Puertas comenzamos nuestro retorno a las cuatro de la tarde; un largo
paseo. En nuestro caso, ya con 12 horas fuera de casa. En el regreso hubo una
parada en Todasana para disfrutar un helado de frutas naturales que estuvieron
demasiado “aguados”, pero al fin y al cabo sirvieron para refrescarse un
poquito. Al final, cuando dejamos a Sandra la señora de Caraballeda muy amable
durante todo el trayecto, nadie supuso que sería la última vez que sabríamos de
ella, al menos hasta el día hoy. Cuatro días después ocurrió el doble terremoto
que destruyó buena parte del litoral central.
Esa noche todos regresamos a nuestros hogares,
cansados de ese largo paseo por la costa de La Guaira y por la Costa Verde sin
sospechar que fuimos testigos de una zona que sería asolada por dos terremotos y que encierra un nuevo
comienzo para los sobrevivientes lleno de incertidumbre. Todavía seguimos
pensando y orando por Sandra nuestra compañera viaje en la Costa Verde.
Saludos amigos,