Además del idioma, la religión católica y una particular visión del mundo basada en la valoración de la obtención de ganancia, la conquista española trajo y significó un orden estatal y gubernamental y, más específicamente aún, un modelo de organización político-territorial local basado en la creación de provincias y dentro de ellas la fundación de centros poblados. Dentro las provincias la organización político-territorial de la conquista española estuvo indisolublemente ligada a la fundación de centros poblados, que de menor a mayor envergadura (pueblos, villas y ciudades) se instalaron dependiendo además de la resistencia nativa. Así, los centros poblados -con un urbanismo predeterminado-, fueron establecidos a lo largo y ancho de un territorio, que muchos adelantados, conquistadores y los propios Reyes Católicos nunca conocieron en su verdadera dimensión.
El marco jurídico de las
provincias y de los centros poblados estuvo fundamentado en las Capitulaciones.
Las Capitulaciones eran documentos (o convenios) que contenían los deberes y
derechos que contraían los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de
Aragón con los particulares que emprendían las conquistas en ultramar. La Capitulación de Santa Fe (17
de abril de 1492) fue el convenio previo suscrito por la Corona de Castilla y
Cristóbal Colón para iniciar su viaje hacia las indias orientales con el
resultado que todos conocemos.
En el caso del territorio que
conformaría posteriormente la Capitanía General de Venezuela en 1777, deben
mencionarse las llamadas Capitulaciones Genésicas; a saber:
- Capitulación de la Isla de
Margarita con Marcelo de Villalobos sobre el poblamiento y gobierno de la Isla
de Margarita. Madrid, 18 de marzo de 1525
- Capitulación de la Provincia
de Venezuela, Enrique Einguer y Gerónimo Sailler. Madrid, 27 de marzo de 1528
(la Capitulación Welser)
- Capitulación de la Nueva Andalucía, don Juan
de Espés, provincia de la Nueva Andalucía. Madrid, 11 de marzo de 1536
- Capitulación de las
Provincias de Guayana y Trinidad. Madrid, 15 de mayo de 1568
- Capitulación de La Grita,
Real Cédula Juan Pacheco Maldonado. Madrid, 3 de noviembre de 1622
Con base a las Capitulaciones
Genésicas mencionadas, el territorio del nuevo continente se fue poblando. Y en
cada poblado, villa y ciudad había una representación de los Reyes de Castilla
encarnada inicialmente en los cabildos, pues sin cabildos no había pueblos
(Donis Ríos, 2009).
Los tres primeros pueblos
establecidos y consolidados (en su momento) en lo que hoy es Venezuela fueron
Nueva Cádiz de Cubagua en 1513 (isla de Cubagua) que se mantuvo hasta 1543;
Santa Ana de Coro en 1527 y Nuestra Señora de la Pura y Limpia Concepción de El
Tocuyo en 1545.
En el caso de Nueva Cádiz de
Cubagua en 1527 el Emperador Carlos V facultó a sus habitantes a nombrar
alcaldes y eligió Regidores del primer Ayuntamiento. Sus regidores fueron:
Giraldo de Viernes Andrés Fernando, Francisco de Portillo, Vicente Dávila,
Alonso de Rojas, Pedro de Alegría, Martín de Ochandiano y Juan López de
Archuleta. En 1527 se fundó la ciudad de Coro por Don Juan de Ampíes (no nombró
Regidores o Ayuntamiento). Los hermanos Welsares (comerciantes de Ausburgo)
nombran como primer Gobernador en el año 1528 al alemán Ambrosio de Alfinger
quien estableció el Ayuntamiento de Coro (el segundo de Venezuela). El
Ayuntamiento de Coro estaba conformado por: Juan Cuaresma de Melo, Gonzalo de
los Ríos, Martín de Arteaga y Virgilio García. Todos ellos en reunión de
Cabildo eligieron como primeros alcaldes a Sancho de Briceño y a Esteban
Mateos. En 1545 se fundó la ciudad del Tocuyo. El Gobernador de la ciudad del
Tocuyo fue Don Juan de Carvajal. Sus regidores fueron: Damián del Barrio, Juan
de Guevara, Alonso de Campos y Bartolomé García Alguacil Mayor: Luis de
Narvaes. En reunión de Cabildo eligieron como alcaldes a Esteban Mateos y a
Juan de Antillano (Landaeta, 1910).
Los cabildos significaron un
referente del poder local para los vecinos . Su conformación no obedecía a un
método democrático ni popular; simplemente los alcaldes de primer o segundo
voto y los regidores podían ser designados por los mismos Reyes Católicos
mediante una Cédula Real, o nombrados por algún Adelantado o funcionario real,
incluso sus cargos podían ser vendidos al mejor postor y convertirse en
perpetuos. Los cabildos fueron en efecto, la representación institucional más
cercana a los vecinos y demás pobladores de la Corona española, pero con una
naturaleza excluyente y segregacionista; un sesgo no democrático que se mantuvo
con algunos matices hasta mediados del siglo XX. Cabe agregar que, los cabildos
tenían una conformación uniforme; es decir, reunían los mismos cargos para
todas las entidades de la colonia .
A pesar de su naturaleza
cerrada, los cabildos fueron el principal referente de gobierno para los
vecinos y para el resto de la población que debía obedecerles (indios, negros y
extranjeros) y que cohabitaba en las ciudades, villas y pueblos trabajando para
su subsistencia. El rendimiento de los cabildos como entidades de gobierno
local fue exitoso como lo demuestra el relativo poder que adquirieron hasta el
siglo XVIII. De hecho, y adicionalmente los cabildos sirvieron para conformar
una oligarquía de blancos criollos que no eran peninsulares ni canarios y
poseían otra visión de las relaciones de gobierno; aunque siempre excluyentes
de la mayoría de población parda. Según Lucas Guillermo Castillo Lara, los
cabildos provinciales no tuvieron una conformación tan elitista como el
caraqueño, aunque no por esto dejaron de estar integrados por la gente
importante de las comunidades locales. Comentó Castillo: “Con frecuencia se ha
olvidado entre nosotros, que los Cabildos de provincia fueron diferentes al
caraqueño. Tanto en el papel que desempeñaron, quizá no tan brillante como el
de la Capital pero siempre vital, como la calidad de los hombres que lo
componían. La gente que accedía a cargos de regidor en los Cabildos
interiorianos, no pertenecía generalmente a la clase alta y pudiente sino a un
estamento inferior. En sus localidades podían ser lo más representativo, pero
muchas veces no eran mantuanos por la sangre, cultura o dinero. Con ellos no
aquella prohibición de oficios viles, que estatuía la Ley XII, Título X, Libro
IV de la Recopilación de Indias”. (Donis, 2009 Ob. Cit.)
A los cabildos correspondió
atender las necesidades cotidianas de sus vecinos; tales como: distribución de
los comestibles y las licencias para su venta, los pesos y medidas, la venta
del pan y la carne, el ornato, el estado de los caminos, las acequias; así como
a las obras para la defensa de los poblados mediante la construcción de
fortalezas, de acuerdo a lo establecido en la Capitulación respectiva.
En primera instancia, como
atribuciones de los cabildos podemos mencionar: encomiendas de indígenas,
fundaciones de ciudades, villas y pueblos, ejidos, límites de su jurisdicción,
aguas y montes, abastos, caminos, peajes, rentas de cabildos, cárceles,
hospitales, cementerios, instrucción, policía urbana, rural y pecuaria, fiestas
de los santos de los patrones de sus pueblos, regocijos públicos, elegir los
alcaldes de sus jurisdicciones (Landaeta, ob. Cit.)
También podemos complementar
este recorrido de sus atribuciones con la visión de Martín Pérez Matos (1962),
que mencionaba: el cuidado de la abundancia y la buena calidad de los
comestibles y el precio de los víveres, la inspección sobre la legitimidad de
los pesos y medidas; con facultad de enmendarla y castigar a los infractores
contraventores, la policía de sanidad y limpieza; el cuidado de los pósitos; la
administración de los arbitrios, la distribución y exacción de las
contribuciones y rentas públicas; la guarda y conservación de los caminos
comunales; licencia para establecer pulperías y sus impuestos; sobre la moneda
que debía circular en la ciudad; sobre las escuelas municipales públicas; (…)
Regulaban, además el comercio, el tránsito de extranjeros, el alumbrado
público, fiestas, funerales por muerte del rey, etc …
Estas atribuciones de los
cabildos eran comunes para todos. Es decir, se correspondían a todas las
entidades de su naturaleza conformando de esta manera, el perfil antiguo y
primario de las instituciones de gobierno local de la Venezuela Republicana y
del presente.
Guillermo Aveledo
María Chacón
Rosmely Flores