domingo, octubre 30, 2016

Venezuela: unidad y diálogo para salir de la crisis




La suspensión del referendum revocatorio, la posposición de las elecciones regionales, el desconocimiento reiterado de las decisiones de la Asamblea Nacional, la violación sostenida de derechos humanos y la detención arbitraria de activistas democráticos son claras expresiones del desmantelamiento del Estado democrático en Venezuela. En otras palabras, la vigencia de la Constitución Bolivariana parece haber llegado a su fin, en medio de una profunda crisis económica y social que ahoga la calidad de vida de los venezolanos.
La restitución de la democracia constitucional y la superación de la crisis humanitaria que atraviesa Venezuela; por ende, reclaman una solución política y económico-social que involucre al menos, a una muy amplia mayoría de sus ciudadanos sobre la cual descanse su legitimidad. Es decir, si se busca la restitución del orden constitucional en Venezuela; entonces la solución tiene que ser civil, democrática y electoral. Habrá que dialogar. De lo contrario, se haría una apuesta a ciegas por la violencia y, cabe recordar que el pueblo venezolano no quiere una salida violenta.
A partir del año 1958, la cultura política de los venezolanos  se ha construido sobre la participación electoral. Durante los años sesenta fueron derrotadas intentonas golpistas e insurreccionales (de Izquierda y de derecha) y, más adelante, fracasaron los golpes del 4 de febrero y del 27 de noviembre de 1992 y más recientemente aún; tanto el “paro petrolero” como el golpe del 2002 fueron superados. Pero justo ahora, es el gobierno de Maduro quien representa para los venezolanos la salida violenta, inconstitucional y antidemocrática.
¿Y cómo va el diálogo en todo eso? ¿Acaso se puede dialogar con un régimen que abolió la Constitución y, hace de la violencia y la discriminación política una práctica regular? Sentar a un adversario de tales características en una mesa, equivaldría a neutralizarle mediante tres exigencias básicas: desarme de los colectivos oficialistas, la libertad de los presos políticos y el cumplimiento y reactivación del referendum revocatorio. Bajo ese enfoque, un diálogo con mediación internacional y el valor agregado de la representación de El Vaticano constituye una oportunidad formidable para avanzar hacia la restitución de la Constitución Bolivariana.
La efectividad del diálogo para el país (que es lo que realmente importa), se basará en la acción unida y coordinada de los factores democráticos por encima de intereses familiares, partidistas y de protagonismo. El pueblo venezolano “ha despertado” y no es pendejo. Sabrá premiar o no, al liderazgo político opositor; según el comportamiento y el rendimiento que demuestre. Muchas veces se ha afirmado que “se conversaría hasta con el diablo” para sacar a Venezuela de la crisis; pues bien, también se dice por allí que “la oportunidad la pintan calva”. ¿Si las fuerzas democráticas tienen la realidad y la amplia mayoría a su favor, por qué entonces no defender esa realidad y los derechos de esa amplia mayoría en un proceso de diálogo?
@migonzalezm

No hay comentarios.: