Recursos financieros, la transferencia de los servicios de agua, basura, electricidad y gas y, la adscripción de la justicia de paz son los nuevos ingredientes para la conformación del Poder Comunal, desde la particular visión que sobre el tema maneja el gobierno nacional. Como otros incentivos, la estatal telefónica CANTV ha ofrecido un plan de telefonía móvil celular, con precios especiales para los miembros de los consejos comunales y, el Ministerio del Poder Popular de Participación y Protección Social; por su parte, anunció la entrega masiva de equipos de computación a esas instancias organización comunitaria. Pero la cosa no queda allí.
En relación con el mismo tema, la Alcaldía del Municipio Libertador propone ahora la desaparición de la Cámara Municipal y de las Juntas Parroquiales; inspirándose para ello en la experiencia de la “Comuna de Paris” del año 1781. Mientras, la Alcaldía Metropolitana –pronta a desaparecer por voluntad presidencial- propone la creación de una ciudad socialista; basándose en el poder comunal. Algún diputado de la Asamblea Nacional ha propuesto ya, que dicha instancia legislativa delegue algunas funciones en los consejos comunales. En otro nivel, dirigentes regionales oficialistas han retomado el propósito -de la engavetada- Ley Orgánica de Participación Ciudadana de crear el “sistema social de planificación”; mediante una red de consejos comunales que comprendería los niveles local, parroquial, municipal, estadal y nacional. También desde el ejecutivo se propone la creación de federaciones, confederaciones y territorios comunales. A parte de lo anterior, a los consejos comunales se les ha venido agregando una serie de funciones –ajenas a su objetivo inicial- que amenazan con transformar a las nacientes organizaciones comunitarias, en unos pesados organismos burocráticos con múltiples atribuciones y operados por “voluntarios”.
Así pues, la creación del poder comunal puede resultar verdaderamente explosiva si los ideólogos oficiales no logran salir del laberinto conceptual, que implica la construcción el denominado sexto poder bolivariano. En realidad, la organización de poder comunal reclama de una serie de reflexiones y definiciones de naturaleza ética y política que van más allá del mero discurso propagandístico. Veamos algunos casos.
Primero, la transformación de la red de consejos comunales en un nuevo poder público requeriría ineludiblemente la definición de aspectos; tales como: sus autoridades, sus estructuras orgánica y territorial; así como de sus competencias y atribuciones; y, de las relaciones de coordinación y colaboración con el resto de los otros cinco poderes públicos preexistentes en el Estado venezolano; y las representaciones oficiales estadales y municipales.
Segundo, la transformación de la red consejos comunales en un poder estatal exigiría el establecimiento de las condiciones institucionales básicas para su funcionamiento; tales como: el reconocimiento y financiamiento de su nómina (compuesta por los voceros electos por las comunidades), la dotación de un presupuesto tanto de gasto corriente como de inversión, para cada una de las áreas sustantivas y programáticas que finalmente le sean atribuidas; y un claro sistema de presentación y rendición de cuentas.
Tercero, el tema de las competencias y atribuciones del nuevo poder comunal constituido, tendría ser tratado con seriedad y honestidad; por parte de los diseñadores oficiales. Y es que puede resultar noticioso y llamativo, afirmar que los consejos comunales se encargarán de servicios públicos como el agua, la basura, el gas o la electricidad; sin embargo, desde un punto de vista institucional y técnico, esa afirmación no pasa de ser “un saludo a la bandera”.
Por ejemplo, sería necesario conocer con exactitud lo que supondría para el poder comunal o para cada consejo comunal en específico, asumir el servicio público del agua (en un sentido integral), porque este servicio público abarca también el alcantarillado y, la canalización y disposición de aguas servidas. Además, resultaría obligatorio el establecimiento de un marco normativo que orientase los procesos y las relaciones de programación y operación entre las empresas hidrológicas y la red consejos comunales que exista en el país, para el momento en que se produzca ese cambio institucional.
El caso de la “basura” -como la denomina el alto gobierno- tampoco es tan sencillo para resolverlo a “realazos”. El tema supone la protección y el saneamiento ambiental, el aseo urbano y domiciliario, los servicios de limpieza, recolección y tratamiento de residuos. De igual manera, cada consejo comunal -en su ámbito respectivo (que puede variar por el número de familias), y luego en red o mancomunidad-, tendría que preparase para planificar, administrar, ejecutar y evaluar las políticas que en materia de protección y saneamiento ambiental sean necesarias.
El traspaso de las competencias de gas y electricidad también supone normas técnicas que tienen que ser consideradas al momento incorporar estas atribuciones en la estructura del nuevo poder comunal. En el caso del gas y de la electricidad, el marco regulatorio del traspaso de estas competencias será vital en atención al rol estratégico que atribuye el mismo gobierno a ambos sectores.
Cuarto, el alto gobierno debe superar el simplismo con el cual viene asumiendo el concepto y el diseño del denominado “poder comunal”. Reiteradamente voceros oficiales asimilan al “poder comunal o popular” con el acceso directo a fondos públicos; sin ningún control o responsabilidad. Y es que el gobierno nacional consolidó una matriz de opinión que articula a los consejos comunales con la rápida obtención de dinero, nada más. Craso error.
En nuestra opinión, esa visión “crematística” de la participación popular no contribuye a la creación de responsabilidad social ni tampoco de ciudadanía, que son justamente los valores que reclama nuestro país para avanzar hacia el desarrollo y la prosperidad. El tema del poder comunal y de la participación ciudadana reclama de una población preparada para el disfrute responsable de las políticas públicas. El reparto dispendioso de recursos económicos en actos políticos no contribuye a la participación popular, sino a su manipulación conciente.
Quinto, la conformación del nuevo poder comunal exigiría la más profunda, amplia, incluyente y democrática discusión y concertación popular. Sin ella, la propuesta carece de todo sentido. Y si en efecto se desea impulsar un nuevo modelo de relación entre el Estado y el pueblo venezolano y sus expresiones asociativas, el diseño final del “poder comunal” debe pasar por la realización de un proceso constituyente. Y esta condición, amigos oficialistas es también como las otras, ineludible. De lo contrario, nunca saldrán de su laberinto.
Espacio sobre la participación y la cultura ciudadanas bajo un enfoque creativo, crítico, democrático, incluyente, independiente y plural.
lunes, agosto 06, 2007
martes, julio 31, 2007
LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA DENTRO DE UNA ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA
La participación ciudadana dentro de una nueva alternativa democrática
-Resumen de la ponencia presentada por Miguel González Marregot, en el evento organizado por el Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales (ILDIS); la Alcadía de Chacao y Acuerdo Social-
Contenido
Consideraciones generales sobre la participación ciudadana.
El caso venezolano: situación actual de la oferta estatal participativa.
Propuestas “alternativas” para la organización y la participación popular.
Consideraciones Generales
1. La participación ciudadana es una práctica cada vez más extendida en nuestro continente.
2. Su desarrollo se ubica preferiblemente en ámbitos sub-nacionales (alcaldías, condados, municipios, provincias).
3. Su ejercicio puede abarcar funciones ejecutivas, legislativas, contraloras y de justicia.
4. Su objeto primordial es la planificación local y la gestión de programas sociales.
Un concepto de participación ciudadana
Proceso social, dinámico, autónomo, consciente y crítico que se propone la democratización del poder. Se motiva por intereses y/o valores que se pueden desarrollar individualmente o colectivamente, en la sociedad y con respecto al Estado, dentro de un contexto histórico determinado y bajo unas condiciones expresamente establecidas. (Variante del concepto del Centro de Derechos Humanos de la UCAB)
Bases Institucionales para la participación ciudadana
1. Un marco legal claro y preciso que sustente, promueva y apoye su ejercicio.
2. Ética basada en la honestidad, la rendición de cuentas, la tolerancia y en la crítica libre y responsable.
3. Programas formativos para elevar las capacidades cívicas; tanto de los actores civiles como de los oficiales.
4. Los recursos organizativos, técnicos, informativos e informáticos, financieros y, los espacios físicos para su ejercicio eficaz y eficiente.
5. Compromiso entre el Estado y la sociedad para el desarrollo y ejercicio corresponsable de la participación ciudadana en la gestión pública.
Posibilidades de la participación ciudadana
1. Incrementa la cercanía entre el Estado, los ciudadanos y sus expresiones asociativas.
2. Propicia mayor legitimidad a las políticas adoptadas por los funcionarios públicos.
3. Posibilita una gestión pública más ajustada a las demandas sociales.
4. Favorece la solidaridad, la confianza y el civismo.
5. Incrementa la gobernabilidad.
El caso venezolano
Un 37% del articulado de la Constitución Bolivariana está dedicado a la participación ciudadana
Medios de participación (en lo político): Elección de cargos públicos. Referenda: Consultivo, Revocatorio, Aprobatorio, Abrogatorio, Revocatorio. Consulta Popular: Iniciativa Legislativa, Enmienda Constitucional, Reforma Constitucional, Asamblea Constituyente. Cabildos Abiertos. Asambleas de Ciudadanos.
Medios de participación (en lo económico y social): Asociaciones vecinales, autogestión y cogestión; Consejo Federal de Gobierno; Consejos Estadales de Planificación y Coordinación de Políticas Públicas; Consejos Locales de Planificación; Consejos Comunales; Cooperativas y Comités Sectoriales, entre otros.
Venezuela logros y dificultades
Logros: Rescate de la participación y de la organización popular como un asunto público. Apertura de múltiples espacios para la participación ciudadana: comités de tierras, de salud, mesas técnicas consejos comunales; entre otros. Difusión masiva de técnicas de administración de proyectos. Impulso de un nuevo liderazgo comunitario y social.
Dificultades: Partidismo y exclusión en el tratamiento de la participación ciudadana. Burocratismo y centralismo en el desarrollo de instancias, niveles y procedimientos participativos. Tratamiento fraudulento de instancias y procesos de participación popular. Baja calidad en los procesos de formación comunitaria.
Una visión democrática de la participación ciudadana
La participación ciudadana implica la profundización de las condiciones democráticas del Estado; mediante una mayor redistribución, desconcentración y descentralización del poder y de la toma de decisiones en un marco de libertad, pluralidad, inclusión, responsabilidad y respeto mutuo.
Los componentes participativos
1. Institucional: Descentralización y desconcentración de la gestión pública. Reglas claras. Procedimientos sencillos.
2. Social: Satisfacción de las demandas sociales. Consulta e inclusión ciudadana. Políticas públicas de calidad para todos.
3. Económica: Participación justa y equitativa en beneficios económicos. Respeto a la propiedad. Revalorización del trabajo.
4. Territorial: Fortalecimiento de las entidades federales menores. Delimitación de competencias.
Lineamientos para la acción
1. El impulso del debate (interno y externo), sobre la sociedad que queremos.
2. El rescate de los espacios institucionales para la participación ciudadana.
3. El apoyo a la lucha por los derechos democráticos de la población.
4. El apoyo a los procesos de organización autónoma de las comunidades.
5. La defensa de la descentralización y la municipalización.
MGM/Julio,2007
-Resumen de la ponencia presentada por Miguel González Marregot, en el evento organizado por el Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales (ILDIS); la Alcadía de Chacao y Acuerdo Social-
Contenido
Consideraciones generales sobre la participación ciudadana.
El caso venezolano: situación actual de la oferta estatal participativa.
Propuestas “alternativas” para la organización y la participación popular.
Consideraciones Generales
1. La participación ciudadana es una práctica cada vez más extendida en nuestro continente.
2. Su desarrollo se ubica preferiblemente en ámbitos sub-nacionales (alcaldías, condados, municipios, provincias).
3. Su ejercicio puede abarcar funciones ejecutivas, legislativas, contraloras y de justicia.
4. Su objeto primordial es la planificación local y la gestión de programas sociales.
Un concepto de participación ciudadana
Proceso social, dinámico, autónomo, consciente y crítico que se propone la democratización del poder. Se motiva por intereses y/o valores que se pueden desarrollar individualmente o colectivamente, en la sociedad y con respecto al Estado, dentro de un contexto histórico determinado y bajo unas condiciones expresamente establecidas. (Variante del concepto del Centro de Derechos Humanos de la UCAB)
Bases Institucionales para la participación ciudadana
1. Un marco legal claro y preciso que sustente, promueva y apoye su ejercicio.
2. Ética basada en la honestidad, la rendición de cuentas, la tolerancia y en la crítica libre y responsable.
3. Programas formativos para elevar las capacidades cívicas; tanto de los actores civiles como de los oficiales.
4. Los recursos organizativos, técnicos, informativos e informáticos, financieros y, los espacios físicos para su ejercicio eficaz y eficiente.
5. Compromiso entre el Estado y la sociedad para el desarrollo y ejercicio corresponsable de la participación ciudadana en la gestión pública.
Posibilidades de la participación ciudadana
1. Incrementa la cercanía entre el Estado, los ciudadanos y sus expresiones asociativas.
2. Propicia mayor legitimidad a las políticas adoptadas por los funcionarios públicos.
3. Posibilita una gestión pública más ajustada a las demandas sociales.
4. Favorece la solidaridad, la confianza y el civismo.
5. Incrementa la gobernabilidad.
El caso venezolano
Un 37% del articulado de la Constitución Bolivariana está dedicado a la participación ciudadana
Medios de participación (en lo político): Elección de cargos públicos. Referenda: Consultivo, Revocatorio, Aprobatorio, Abrogatorio, Revocatorio. Consulta Popular: Iniciativa Legislativa, Enmienda Constitucional, Reforma Constitucional, Asamblea Constituyente. Cabildos Abiertos. Asambleas de Ciudadanos.
Medios de participación (en lo económico y social): Asociaciones vecinales, autogestión y cogestión; Consejo Federal de Gobierno; Consejos Estadales de Planificación y Coordinación de Políticas Públicas; Consejos Locales de Planificación; Consejos Comunales; Cooperativas y Comités Sectoriales, entre otros.
Venezuela logros y dificultades
Logros: Rescate de la participación y de la organización popular como un asunto público. Apertura de múltiples espacios para la participación ciudadana: comités de tierras, de salud, mesas técnicas consejos comunales; entre otros. Difusión masiva de técnicas de administración de proyectos. Impulso de un nuevo liderazgo comunitario y social.
Dificultades: Partidismo y exclusión en el tratamiento de la participación ciudadana. Burocratismo y centralismo en el desarrollo de instancias, niveles y procedimientos participativos. Tratamiento fraudulento de instancias y procesos de participación popular. Baja calidad en los procesos de formación comunitaria.
Una visión democrática de la participación ciudadana
La participación ciudadana implica la profundización de las condiciones democráticas del Estado; mediante una mayor redistribución, desconcentración y descentralización del poder y de la toma de decisiones en un marco de libertad, pluralidad, inclusión, responsabilidad y respeto mutuo.
Los componentes participativos
1. Institucional: Descentralización y desconcentración de la gestión pública. Reglas claras. Procedimientos sencillos.
2. Social: Satisfacción de las demandas sociales. Consulta e inclusión ciudadana. Políticas públicas de calidad para todos.
3. Económica: Participación justa y equitativa en beneficios económicos. Respeto a la propiedad. Revalorización del trabajo.
4. Territorial: Fortalecimiento de las entidades federales menores. Delimitación de competencias.
Lineamientos para la acción
1. El impulso del debate (interno y externo), sobre la sociedad que queremos.
2. El rescate de los espacios institucionales para la participación ciudadana.
3. El apoyo a la lucha por los derechos democráticos de la población.
4. El apoyo a los procesos de organización autónoma de las comunidades.
5. La defensa de la descentralización y la municipalización.
MGM/Julio,2007
viernes, julio 27, 2007
FORO: RETOS Y PERSPECTIVAS DE LA POLÍTICA SOCIAL EN VENEZUELA
“Retos y Perspectivas de la Política Social en Venezuela”
Salón Ávila, Hotel Altamira Suites
Caracas, 31 de Julio de 2007
8:00 a.m.: Inscripción de los participantes
8:30 a.m.: Instalación del Foro. Palabras de apertura, a cargo de:
· Leopoldo López, Alcalde de Chacao
· Marino González, Coordinador de la Asociación Civil Acuerdo Social
· Kurt-Peter Schütt, Director del ILDIS
9:00 a.m.: La Participación ciudadana dentro de una nueva alternativa democrática
Ponente: Miguel González Marregot
Economía social, mercado y democracia
Ponente: Nelson Freitez
9:40 a.m.: Intervención de lo(a)s participantes
Moderador: Flavio Carucci (ILDIS)
10:40 a.m.: Refrigerio
11:00 a.m.: La renta básica como derecho: ¿es viable en Venezuela?
Ponente: Dolores Medina
Integración social, democracia y bienestar
Ponente: Luís Francisco Cabezas
11:40 a.m.: Intervención de lo(a)s participantes
Moderador: Moisés Carvallo (Alcaldía de Chacao)
12:40 pm.: Síntesis del evento. Yolanda D’Elia
1:00 pm.: Almuerzo en el Hotel
Salón Ávila, Hotel Altamira Suites
Caracas, 31 de Julio de 2007
8:00 a.m.: Inscripción de los participantes
8:30 a.m.: Instalación del Foro. Palabras de apertura, a cargo de:
· Leopoldo López, Alcalde de Chacao
· Marino González, Coordinador de la Asociación Civil Acuerdo Social
· Kurt-Peter Schütt, Director del ILDIS
9:00 a.m.: La Participación ciudadana dentro de una nueva alternativa democrática
Ponente: Miguel González Marregot
Economía social, mercado y democracia
Ponente: Nelson Freitez
9:40 a.m.: Intervención de lo(a)s participantes
Moderador: Flavio Carucci (ILDIS)
10:40 a.m.: Refrigerio
11:00 a.m.: La renta básica como derecho: ¿es viable en Venezuela?
Ponente: Dolores Medina
Integración social, democracia y bienestar
Ponente: Luís Francisco Cabezas
11:40 a.m.: Intervención de lo(a)s participantes
Moderador: Moisés Carvallo (Alcaldía de Chacao)
12:40 pm.: Síntesis del evento. Yolanda D’Elia
1:00 pm.: Almuerzo en el Hotel
lunes, julio 23, 2007
UNA NUEVA PLATAFORMA DEMOCRÁTICA

La situación política venezolana requiere de la conformación de un contrapeso ideológico y político, democrático y plural que frene las pretensiones hegemónicas y anti-populares del proyecto oficialista. Y es que en nuestro país, ahora se pretende iniciar la búsqueda de la utopía socialista -como modelo de organización política, económica y social-pese a que el encuentro de cada pueblo en particular con esa utopía, ha resultado un auténtico fracaso histórico.
¿Es posible entonces, repensar al país con una visión de futuro, luego de los fallidos intentos por alcanzar el desarrollo y la prosperidad; mediante la democracia representativa (1958-1998) y posteriormente, por medio, de la democracia autoritativa y limitada (1999-2007)? Pensamos, que además de posible, es extremadamente importante para superar la crisis de gobernabilidad que atraviesa el país y emprender la construcción de un modelo de desarrollo democrático, incluyente y sostenible.
En términos generales, una propuesta democrática alternativa tendría que fundamentarse en la igualdad de oportunidades y en la reducción sistemática de la pobreza en un marco del respeto a la libertad y a los derechos humanos. Esta propuesta de alternativa democrática también supondría la descentralización y desconcentración de la gestión pública; y, el fortalecimiento real y efectivo de la participación del pueblo en la toma de las decisiones públicas y en consecuencia, significaría la resolución del falso dilema entre la democracia representativa y la democracia participativa.
Por otra parte, y en el campo estrictamente económico, la nueva plataforma democrática se orientaría hacia la formación de una economía diversificada, sostenible y próspera que pueda afrontar con efectividad los retos de la globalización y, superar la volatilidad del rentismo petrolero. Uno de los retos más importantes para Venezuela y su gobierno lo constituye la superación del estatismo económico, del excesivo y discrecional intervencionismo del aparato público en espacios naturales para la actividad de los ciudadanos y sus expresiones asociativas productivas. Lo que sí debe impulsar el Estado en un nuevo marco democrático es la creación de unas “reglas de juego” estables que generen confianza para la inversión privada, las iniciativas populares; así como la revalorización del papel del trabajo y del trabajador en el proceso productivo.
En el ámbito social, resulta estratégica la creación de las condiciones para lograr la igualdad de oportunidades para el pueblo y para favorecer la universalización real de los derechos sociales, como núcleo central de esta alternativa democrática. A un modelo democrático alternativo, al autoritarismo y al socialismo le corresponde orientarse hacia la disminución de las desigualdades e inequidades sociales. En Venezuela, se hace impostergable el impulso de una nueva democracia incluyente, donde la justicia ocupe el lugar que le corresponde y las relaciones entre ciudadanos y ciudadanas se caractericen por el respeto, la tolerancia y la equidad.
Desde un nuevo enfoque democrático, el fortalecimiento de la soberanía nacional y la participación venezolana en el concierto internacional de naciones de manera independiente son temas relevantes. En una nueva propuesta democrática, la soberanía de Venezuela debe ser sinónimo de una política internacional promotora y defensora de la libertad, de la cooperación entre los pueblos, de la paz y de la tolerancia en el marco de las relaciones multilaterales y bilaterales.
Por último, el elemento organizativo constituye un aspecto crucial en todo proceso de lanzamiento de cualquier plataforma política. Por las condiciones que atraviesa el país, la adecuada conformación de una plataforma democrática reúne condiciones estratégicas. De ello, no hay dudas. Sin embargo, y por su propia importancia el tema partidista debe abordarse con mesura y precisión. Al respecto, se debe estar claro en la importancia del establecimiento de adecuados métodos de dirección y relación entre los militantes, simpatizantes y allegados fundamentados en la ética, en la cercanía, en la credibilidad y en la confianza. De la misma manera, en este contexto organizativo, la plataforma democrática debe comenzar a plantearse estrategias de relación con el mundo asociativo de los sectores populares y sectores medios de la población venezolana. Y la base de esa relación tendrá que ser el respeto a la autonomía de tales organizaciones. En realidad, no hay mucho tiempo ni oportunidades para repetir los errores del pasado; tanto reciente como lejano.
martes, julio 17, 2007
SOBRE LA REFORMA CONSTITUCIONAL
El proyecto de reforma constitucional oficialista vislumbra –pese a la cláusula de confidencialidad que evita su escrutinio público- el propósito de establecer una institucionalidad centralista, burocrática y estatista; bajo un enfoque meramente clientelar. Es decir, se prepara una reforma constitucional que no responde a aspiraciones populares; sino que se ajusta al gusto de un gobernante (y de la elite que lo acompaña), en su aspiración de perpetuarse en el ejercicio y disfrute del poder.
El sesgo autoritario dominante en el proyecto oficialista de reforma, ratifica de nuevo la pobreza ideológico-conceptual y democrática que predomina en el núcleo dirigente de la revolución venezolana. Al parecer, para ellos, lo verdaderamente importante es su permanencia indefinida en el usufructo del poder. En tal sentido, la propuesta de “reelección continua y exclusiva” para el cargo de Presidente de la República, viene como anillo al dedo, para esa clásica visión hegemónica del ejercicio del gobierno que predomina hoy en el sector oficial venezolano. Así, desde ese añejo enfoque ideológico, la institucionalidad estatal se convierte en un “preciado botín”, desde donde se imponen regulaciones y condiciones al resto de la sociedad. Por supuesto, que tales regulaciones y condiciones institucionales sólo favorecen a los intereses y propósitos de quienes detentan el poder, en detrimento de las grandes mayorías. Es hacia allá, donde apunta la reforma constitucional.
Una reforma con tales propósitos, no admite una discusión ni un debate democrático. De allí que, el gobierno y su cuerpo de asesores revolucionarios (criollos y extranjeros) hayan descartado la realización de un proceso constituyente tratando de evadir, de esta manera una confrontación abierta y libre de ideas, que no les favorecería en lo absoluto. Una Asamblea Nacional Constituyente permitiría muy seguramente, el reagrupamiento y la legitimación de las fuerzas democráticas del país.
Y es que, pese al control y la influencia que posee la revolución sobre el Consejo Nacional Electoral (CNE), la elección y conformación de una Asamblea Nacional Constituyente podría contar con una fuerte representación –si no mayoritaria- de los sectores democráticos; lo cual significaría un contrapeso popular, que pudiera colocar en riesgo el alcance de los objetivos del régimen. Por otra parte y, en esas condiciones, la pluralidad de una Asamblea Nacional Constituyente –por su naturaleza supraconstitucional-, pondría al gobierno por primera vez, en una verdadera situación de control ciudadano.
El campo democrático venezolano debe prepararse para esta nueva batalla política. Y debe hacerlo con seriedad, transcendiendo la simple lamentación discursiva y la postura mediática fácil. La reforma constitucional es un tema que pertenece a todo el pueblo venezolano; sin discriminación alguna. Cada venezolano y cada venezolana tienen el legítimo derecho de estar informados y de opinar en tan trascendente asunto.
En tal sentido, alrededor de la reforma constitucional es muy factible y necesario construir espacios para la defensa de la democracia venezolana. Nadie duda que esto requiera de un gran y desinteresado esfuerzo ciudadano, organizativo y político. Eso es verdad, pero también es cierto que la defensa de la libertad, la paz y la democracia venezolana merecen eso y un poco más. Sabemos con antelación que desde el oficialismo se usarán “discrecionalmente” y bajo cualquier pretexto, los recursos institucionales del Estado para tratar de imponer su visión hegemónica del mundo, del país y de la sociedad. Eso ya está escrito, pero no hay que temerle.
La propuesta de reforma oficialista tiene; sin embargo sus utilidades. Por una parte, indica lo que NO debe hacerse para construir una democracia social; y por la otra, es un poderoso incentivo para el debate por la defensa activa –y con más fuerza y convicción- de la libertad, la inclusión y la paz. Llegó la hora, de defender la democracia.
El sesgo autoritario dominante en el proyecto oficialista de reforma, ratifica de nuevo la pobreza ideológico-conceptual y democrática que predomina en el núcleo dirigente de la revolución venezolana. Al parecer, para ellos, lo verdaderamente importante es su permanencia indefinida en el usufructo del poder. En tal sentido, la propuesta de “reelección continua y exclusiva” para el cargo de Presidente de la República, viene como anillo al dedo, para esa clásica visión hegemónica del ejercicio del gobierno que predomina hoy en el sector oficial venezolano. Así, desde ese añejo enfoque ideológico, la institucionalidad estatal se convierte en un “preciado botín”, desde donde se imponen regulaciones y condiciones al resto de la sociedad. Por supuesto, que tales regulaciones y condiciones institucionales sólo favorecen a los intereses y propósitos de quienes detentan el poder, en detrimento de las grandes mayorías. Es hacia allá, donde apunta la reforma constitucional.
Una reforma con tales propósitos, no admite una discusión ni un debate democrático. De allí que, el gobierno y su cuerpo de asesores revolucionarios (criollos y extranjeros) hayan descartado la realización de un proceso constituyente tratando de evadir, de esta manera una confrontación abierta y libre de ideas, que no les favorecería en lo absoluto. Una Asamblea Nacional Constituyente permitiría muy seguramente, el reagrupamiento y la legitimación de las fuerzas democráticas del país.
Y es que, pese al control y la influencia que posee la revolución sobre el Consejo Nacional Electoral (CNE), la elección y conformación de una Asamblea Nacional Constituyente podría contar con una fuerte representación –si no mayoritaria- de los sectores democráticos; lo cual significaría un contrapeso popular, que pudiera colocar en riesgo el alcance de los objetivos del régimen. Por otra parte y, en esas condiciones, la pluralidad de una Asamblea Nacional Constituyente –por su naturaleza supraconstitucional-, pondría al gobierno por primera vez, en una verdadera situación de control ciudadano.
El campo democrático venezolano debe prepararse para esta nueva batalla política. Y debe hacerlo con seriedad, transcendiendo la simple lamentación discursiva y la postura mediática fácil. La reforma constitucional es un tema que pertenece a todo el pueblo venezolano; sin discriminación alguna. Cada venezolano y cada venezolana tienen el legítimo derecho de estar informados y de opinar en tan trascendente asunto.
En tal sentido, alrededor de la reforma constitucional es muy factible y necesario construir espacios para la defensa de la democracia venezolana. Nadie duda que esto requiera de un gran y desinteresado esfuerzo ciudadano, organizativo y político. Eso es verdad, pero también es cierto que la defensa de la libertad, la paz y la democracia venezolana merecen eso y un poco más. Sabemos con antelación que desde el oficialismo se usarán “discrecionalmente” y bajo cualquier pretexto, los recursos institucionales del Estado para tratar de imponer su visión hegemónica del mundo, del país y de la sociedad. Eso ya está escrito, pero no hay que temerle.
La propuesta de reforma oficialista tiene; sin embargo sus utilidades. Por una parte, indica lo que NO debe hacerse para construir una democracia social; y por la otra, es un poderoso incentivo para el debate por la defensa activa –y con más fuerza y convicción- de la libertad, la inclusión y la paz. Llegó la hora, de defender la democracia.
domingo, julio 15, 2007
PODER COMUNAL EN BARUTA
El poder comunal ha comenzado a organizarse en Baruta. Con mucha alegría encontramos diversas iniciativas comunales tendentes a fortalecer la organización vecinal y defender sus derechos ciudadanos. Veamos algunas de ellas. El 21 de Junio, en la sede del consejo comunal de Monterrey –primer consejo comunal de Baruta- se instaló el comité promotor para crear una federación de consejos comunales en el municipio, que de concretarse podría reunir a más de 80 organizaciones de este tipo. Y el 30 de Junio se realizó una jornada de trabajo con consejos comunales de Baruta y El Hatillo, patrocinada por la Universidad Simón Bolívar (USB) y la Asociación Civil “Gestión de Cambio”. La jornada sirvió para analizar la trayectoria de los consejos comunales en el municipio, y para plantear el impulso de un programa formativo, que potencie sus habilidades y sus capacidades; a partir del mes de Septiembre.
El pasado Sábado 7 de Julio, las voceras de Baruta ante el Consejo Metropolitano de Planificación de Políticas Públicas impulsaron un encuentro entre esa instancia y los consejos comunales de la parroquia Nuestra Señora del Rosario. La comunidad del barrio “La Palomera” de Baruta analiza una propuesta de ordenanza urbanística que puede afectar de manera negativa su calidad de vida. Y en “La Limonera” continúan desarrollándose, cada Viernes en la mañana, las mesas técnicas de trabajo que evalúan un proyecto de construcción de viviendas, en el marco de un núcleo de desarrollo endógeno en ese sector.
En cada una de estas iniciativas, las comunidades baruteñas ejercen sus derechos en legítima defensa de su calidad de vida. Tales iniciativas significan asimismo, una recuperación del movimiento vecinal, que sirve como contrapeso y necesario control social sobre la gestión de unas autoridades locales generalmente acríticas y complacientes con su desempeño. Unas comunidades fuertes son decisivas para relaciones transparentes entre gobierno y ciudadanía. La organización comunitaria es una herramienta importante para el desarrollo social y el mejoramiento de la calidad de vida; mucho más si se desarrolla en un marco de tolerancia y pluralidad, como hasta ahora ha sucedido en el municipio Baruta. Hay buenas noticias entonces, para los vecinos baruteños; pues se conforma un nuevo y auténtico poder comunal.
El pasado Sábado 7 de Julio, las voceras de Baruta ante el Consejo Metropolitano de Planificación de Políticas Públicas impulsaron un encuentro entre esa instancia y los consejos comunales de la parroquia Nuestra Señora del Rosario. La comunidad del barrio “La Palomera” de Baruta analiza una propuesta de ordenanza urbanística que puede afectar de manera negativa su calidad de vida. Y en “La Limonera” continúan desarrollándose, cada Viernes en la mañana, las mesas técnicas de trabajo que evalúan un proyecto de construcción de viviendas, en el marco de un núcleo de desarrollo endógeno en ese sector.
En cada una de estas iniciativas, las comunidades baruteñas ejercen sus derechos en legítima defensa de su calidad de vida. Tales iniciativas significan asimismo, una recuperación del movimiento vecinal, que sirve como contrapeso y necesario control social sobre la gestión de unas autoridades locales generalmente acríticas y complacientes con su desempeño. Unas comunidades fuertes son decisivas para relaciones transparentes entre gobierno y ciudadanía. La organización comunitaria es una herramienta importante para el desarrollo social y el mejoramiento de la calidad de vida; mucho más si se desarrolla en un marco de tolerancia y pluralidad, como hasta ahora ha sucedido en el municipio Baruta. Hay buenas noticias entonces, para los vecinos baruteños; pues se conforma un nuevo y auténtico poder comunal.
lunes, julio 09, 2007
EL DESFILE COMUNAL
La participación en el desfile del “5 de Julio” de un grupo de tres mil miembros de consejos comunales, con sus respectivas banderitas rojas nos lleva a otros desfiles. Uno de ellos, es el desfile de las propuestas oficiales; en torno a qué hacer con los consejos comunales. Otro desfile, es aquel de los padecimientos vecinales, populares y comunitarios que aún no encuentran la respuesta a sus problemas en esas instancias.
En días pasados, -y ante un grupo de expertos académicos- sostenía que la creación de los consejos comunales es un “éxito gubernamental”. Y los consejos comunales son un “éxito oficial”, porque con ellos había logrado involucrar a todas las comunidades del país (ricas, medias y pobres) a la discusión del tema de la organización y de la participación ciudadana: ¿sabía usted que, en zonas tan disímiles del Área Metropolitana de Caracas como el Country Club, La Lagunita o Prados del Este; y Catia, El Valle o Petare hay consejos comunales organizados? En realidad, sería mezquino y de una miopía política muy grande desconocer la trascendencia que esta propuesta tiene en la población. Pero hasta allí.
Ante el desarrollo de los consejos comunales, el gobierno ha demostrado una notable incapacidad. Y esto también es innegable. Con estos consejos se ha querido hacer de todo; lo que demuestra la confusión conceptual que domina al “núcleo directivo” de la revolución venezolana, en relación al tema. El desfile comunal de propósitos revolucionarios comienza con la oferta de crear un “poder comunal” que, según el Presidente Chávez sustituiría la propuesta liberal de Estado basada en Montesquieu. Por supuesto, que hay otros propósitos que varían; según el vocero oficialista de turno. Así comienza un desfile de propósitos comunales que van desde la eliminación de gobernaciones, alcaldías, asambleas legislativas y concejos municipales; y luego pasa por prestar auxilio al Servicio Nacional de Administración Tributaria (SENIAT) en la recaudación impositiva, por la lucha contra el acaparamiento de productos regulados, por la participación en la reserva nacional y la organización de policías comunales; además de involucrarse en la elaboración de planes y proyectos comunitarios; así como en la administración de centros de telecomunicaciones, la atención a la niñez y a la adolescencia, la vinculación con el servicio comunitario de los estudiantes de educación superior; y últimamente por la participación en el registro electoral, en la formulación de leyes por delegación de la Asamblea Nacional y, en el impulso de la economía comunal. Pero de este largo desfile quizás el propósito más claro, no sea otro que establecer un esquema de gestión concentrada y centralizada a los designios de la Presidencia de la República.
Hay otro desfile. Este se realiza a diario, en el seno de las comunidades que perciben y sienten que los consejos comunales no están resolviendo sus problemas; asemejándose más bien a una oferta engañosa, sobre la participación popular. Y es que la burocracia pública (en todos sus niveles y modalidades) no atiende con eficacia ni con eficiencia las solicitudes y propuestas presentadas por los consejos comunales. Por otra parte, los programas de adiestramiento impulsados son insuficientes y en ocasiones generan confusión entre los participantes. Por si fuera poco, las diferentes facciones del oficialismo, se disputan y sabotean la creación, la organización y el registro de los consejos comunales. Hace poco en Maracaibo, en el municipio San Francisco –y luego de una reunión de trabajo sobre el tema- se acercó un vecino muy molesto y angustiado porque sentía que como vocero de un consejo comunal que por su trabajo no recibía reconocimiento alguno. El vocero reclamaba –y no sin cierta razón- que él desempeñaba actividades correspondientes a funcionarios locales y regionales, a cambio de nada. Hay cansancio en la población. Los problemas de alumbrado, de cloacas, de vivienda, de recolección de desechos sólidos, de vialidad y de transporte siguen siendo los mismos; mientras la agenda del gobierno va por otro lado, lejos del sentir popular. No hay encuentro entre estos desfiles comunales.
Es por eso que, la participación de tres mil voceros de consejos comunales en el desfile del “5 de julio” puede ser un presagio; de la inminente realización de otros desfiles pero no para alabar a un proceso o rendir culto a una personalidad. No nada de eso. Es probable que se produzcan desfiles comunales para algo mucho mejor; como pelear por el derecho al mejoramiento de las condiciones ambientales y de la calidad de vida de las comunidades más deprimidas; así como para exigir resultados de la gestión de las autoridades públicas. Ya vendrá ese desfile comunal que demande una auténtica participación popular basada en la autonomía, la inclusión y la pluralidad.
En días pasados, -y ante un grupo de expertos académicos- sostenía que la creación de los consejos comunales es un “éxito gubernamental”. Y los consejos comunales son un “éxito oficial”, porque con ellos había logrado involucrar a todas las comunidades del país (ricas, medias y pobres) a la discusión del tema de la organización y de la participación ciudadana: ¿sabía usted que, en zonas tan disímiles del Área Metropolitana de Caracas como el Country Club, La Lagunita o Prados del Este; y Catia, El Valle o Petare hay consejos comunales organizados? En realidad, sería mezquino y de una miopía política muy grande desconocer la trascendencia que esta propuesta tiene en la población. Pero hasta allí.
Ante el desarrollo de los consejos comunales, el gobierno ha demostrado una notable incapacidad. Y esto también es innegable. Con estos consejos se ha querido hacer de todo; lo que demuestra la confusión conceptual que domina al “núcleo directivo” de la revolución venezolana, en relación al tema. El desfile comunal de propósitos revolucionarios comienza con la oferta de crear un “poder comunal” que, según el Presidente Chávez sustituiría la propuesta liberal de Estado basada en Montesquieu. Por supuesto, que hay otros propósitos que varían; según el vocero oficialista de turno. Así comienza un desfile de propósitos comunales que van desde la eliminación de gobernaciones, alcaldías, asambleas legislativas y concejos municipales; y luego pasa por prestar auxilio al Servicio Nacional de Administración Tributaria (SENIAT) en la recaudación impositiva, por la lucha contra el acaparamiento de productos regulados, por la participación en la reserva nacional y la organización de policías comunales; además de involucrarse en la elaboración de planes y proyectos comunitarios; así como en la administración de centros de telecomunicaciones, la atención a la niñez y a la adolescencia, la vinculación con el servicio comunitario de los estudiantes de educación superior; y últimamente por la participación en el registro electoral, en la formulación de leyes por delegación de la Asamblea Nacional y, en el impulso de la economía comunal. Pero de este largo desfile quizás el propósito más claro, no sea otro que establecer un esquema de gestión concentrada y centralizada a los designios de la Presidencia de la República.
Hay otro desfile. Este se realiza a diario, en el seno de las comunidades que perciben y sienten que los consejos comunales no están resolviendo sus problemas; asemejándose más bien a una oferta engañosa, sobre la participación popular. Y es que la burocracia pública (en todos sus niveles y modalidades) no atiende con eficacia ni con eficiencia las solicitudes y propuestas presentadas por los consejos comunales. Por otra parte, los programas de adiestramiento impulsados son insuficientes y en ocasiones generan confusión entre los participantes. Por si fuera poco, las diferentes facciones del oficialismo, se disputan y sabotean la creación, la organización y el registro de los consejos comunales. Hace poco en Maracaibo, en el municipio San Francisco –y luego de una reunión de trabajo sobre el tema- se acercó un vecino muy molesto y angustiado porque sentía que como vocero de un consejo comunal que por su trabajo no recibía reconocimiento alguno. El vocero reclamaba –y no sin cierta razón- que él desempeñaba actividades correspondientes a funcionarios locales y regionales, a cambio de nada. Hay cansancio en la población. Los problemas de alumbrado, de cloacas, de vivienda, de recolección de desechos sólidos, de vialidad y de transporte siguen siendo los mismos; mientras la agenda del gobierno va por otro lado, lejos del sentir popular. No hay encuentro entre estos desfiles comunales.
Es por eso que, la participación de tres mil voceros de consejos comunales en el desfile del “5 de julio” puede ser un presagio; de la inminente realización de otros desfiles pero no para alabar a un proceso o rendir culto a una personalidad. No nada de eso. Es probable que se produzcan desfiles comunales para algo mucho mejor; como pelear por el derecho al mejoramiento de las condiciones ambientales y de la calidad de vida de las comunidades más deprimidas; así como para exigir resultados de la gestión de las autoridades públicas. Ya vendrá ese desfile comunal que demande una auténtica participación popular basada en la autonomía, la inclusión y la pluralidad.
domingo, julio 01, 2007
JORNADAS DE TRABAJO: USB-CONSEJOS COMUNALES
El 30 de junio se realizaron con éxito las Jornadas de Trabajo “Universidad Simón Bolívar”, consejos comunales de los Municipios Baruta y de El Hatillo, del estado Miranda (Venezuela). El evento también contó el auspicio de la Asociación Civil “Gestión de Cambio”.
El encuentro logró reunir a más de 100 voceros y voceras representantes de consejos comunales de los municipios mirandinos, quienes tuvieron la oportunidad de escuchar y participar luego de las intervenciones de los ponentes invitados por los organizadores.
La instalación de la jornada de trabajo, estuvo a cargo del Decano de Extensión de la USB Ingeniero William Colmenares; la Lic. Lilian García Directora de Cultura de esa misma casa de estudios y la Lic. Carmen Flor Rodríguez, Presidenta de la Asociación Civil “Gestión de Cambio”.
La jornada tuvo como ponentes a Miguel González Marregot, Director Ejecutivo de la Asociación Civil “Gestión de Cambio”, quien presentó “Un Balance de los Consejos Comunales”; la economista Luz Elena Aldasoro, directiva de la Fundación “Momento de la Gente”, quien disertó sobre “El diagnóstico comunitario”; y el sociólogo José Key Armenta, también de la Asociación Civil “Gestión de Cambio”, que presentó una visón sobre “El Presupuesto participativo”. En una segunda tanda hicieron sus respectivas presentaciones, el Director del Instituto de Estudios Regionales y Urbanísticos (IERU), de la Universidad Simón Bolívar, profesor Silverio González, la Directora de Extensión, del núcleo Litoral del estado Vargas de la USB, profesora Belkys Rodríguez y la Coordinadora del Programa de Gestión Socio-Cultural de la USB, licenciada Sandra Fajardo.
La jornada de trabajo sirvió para asentar la nueva plataforma cooperación entre la Universidad Simón Bolívar (USB); las asociaciones civiles aledañas y los consejos comunales con el propósito de consolidar los espacios de participación popular.
Les mantendré informados.
El encuentro logró reunir a más de 100 voceros y voceras representantes de consejos comunales de los municipios mirandinos, quienes tuvieron la oportunidad de escuchar y participar luego de las intervenciones de los ponentes invitados por los organizadores.
La instalación de la jornada de trabajo, estuvo a cargo del Decano de Extensión de la USB Ingeniero William Colmenares; la Lic. Lilian García Directora de Cultura de esa misma casa de estudios y la Lic. Carmen Flor Rodríguez, Presidenta de la Asociación Civil “Gestión de Cambio”.
La jornada tuvo como ponentes a Miguel González Marregot, Director Ejecutivo de la Asociación Civil “Gestión de Cambio”, quien presentó “Un Balance de los Consejos Comunales”; la economista Luz Elena Aldasoro, directiva de la Fundación “Momento de la Gente”, quien disertó sobre “El diagnóstico comunitario”; y el sociólogo José Key Armenta, también de la Asociación Civil “Gestión de Cambio”, que presentó una visón sobre “El Presupuesto participativo”. En una segunda tanda hicieron sus respectivas presentaciones, el Director del Instituto de Estudios Regionales y Urbanísticos (IERU), de la Universidad Simón Bolívar, profesor Silverio González, la Directora de Extensión, del núcleo Litoral del estado Vargas de la USB, profesora Belkys Rodríguez y la Coordinadora del Programa de Gestión Socio-Cultural de la USB, licenciada Sandra Fajardo.
La jornada de trabajo sirvió para asentar la nueva plataforma cooperación entre la Universidad Simón Bolívar (USB); las asociaciones civiles aledañas y los consejos comunales con el propósito de consolidar los espacios de participación popular.
Les mantendré informados.
miércoles, junio 20, 2007
UN PUESTO EN LA HISTORIA

La posibilidad legal de crear servicios públicos de radio y televisión existe en el artículo 108 de la Constitución Bolivariana. El mismo artículo 108 determina que los servicios públicos de radio y televisión (además de la red de bibliotecas e informática) debe permitir el acceso universal a la información. La negativa oficial de renovar la concesión a RCTV es un golpe directo a la esencia de ese mandato constitucional. Un mandato constitucional, por cierto, que se encuentra articulado a otros derechos humanos fundamentales como son la libertad de pensamiento, de expresión, de información, de prensa, de recreación y al trabajo. Casi nada.
Una televisión de servicio público tendría que haber nacido de una sólida e impecable decisión democrática, con respeto a la pluralidad, propiciadora de la inclusión, de la tolerancia y de la solidaridad, por decir lo menos. Sin embargo, la decisión que originó la nueva televisora de servicio público no alcanzó esa calidad, sino todo lo contrario. La salida del aire de RCTV es mucho más grave aún, al considerar los señalamientos críticos que han formulado personeros del alto gobierno sobre la baja calidad de la red estatal de televisoras; y hasta su desempeño al margen del cumplimiento de la Ley de Responsabilidad Social de Radio y Televisión (conocida también como Ley Resorte).
Con la decisión tomada el gobierno perdió una oportunidad única y formidable de colocar las cinco señales audiovisuales que maneja discrecionalmente y sin contraloría social alguna, al servicio del país; y por lo tanto al servicio de la ciudadanía, de la cultura y recreación, de la educación y del tratamiento informativo de una manera veraz, oportuna y completa. Así pues que el gobierno prefirió optar por el clásico “pase de factura” a quien considera un adversario; político, antes que dar un verdadero salto cualitativo en el rendimiento de la red estatal de comunicación televisiva.
El resto ha sido una cadena interminable de errores políticos y de desaciertos propagandísticos en un intento de maquillar ante “propios y extraños” la atrocidad cometida. Con la decisión oficial en contra de RCTV, el gobierno obtuvo un puesto en la historia a costa de silenciar a su propio pueblo. Craso error, porque la historia no perdona.
viernes, junio 15, 2007
REFLEXIONES: MANCOMUNIDADES DE CONSEJOS COMUNALES
Contenido:
1. La base legal de las mancomunidades
2. Las derivaciones conceptuales hacia las “mancomunidades de consejos comunales”
3. Algunas consideraciones técnicas y procesales
4. Conclusiones y recomendaciones
1. La base legal de las mancomunidades
1.1. Las mancomunidades constituyen una forma asociativa intergubernamental, de carácter voluntario, creadas por dos o más municipios para atender asuntos de interés públicos vinculados a sus competencias, por un tiempo determinado y bajo unas condiciones establecidas.
1.2. La primera mención directa a la figura asociativa de las mancomunidades se encuentra en el artículo 170 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, correspondiente al Capítulo IV referido al Poder Público Municipal. De manera indirecta, las mancomunidades pueden ser asimiladas como nuevos sujetos de descentralización; de acuerdo al numeral 7 del artículo 184 de la misma CRBV.
1.3. Un desarrollo más amplio y expreso de las mancomunidades se haya claramente establecido en la Ley Orgánica del Poder Público Municipal, en su Capitulo IV, “De las mancomunidades y demás figuras asociativas”. Las características relevantes de las mancomunidades son las siguientes:
1.3.1. Son figuras asociativas de carácter voluntario, entre dos o más municipios, colindantes o no e incluso pertenecientes a diferentes entidades federales.
1.3.2. Las mancomunidades podrán asumir parte de las materias o funciones de los municipios mancomunados más, NO la totalidad de las mismas.
1.3.3. Los poderes públicos nacional y estadual podrán crear fondos especiales a los fines de la descentralización de competencias hacia estas entidades intergubernamentales.
1.3.4. Las mancomunidades (o su creación) tendrían que estar contempladas en los Planes Municipales de Desarrollo y ser aprobadas por los CLPP de los municipios involucrados.
1.3.5. Las mancomunidades se crearán mediante un acuerdo; y sus estatutos contendrán:
1. El nombre, el objeto y domicilio de la mancomunidad y los municipios que la constituirán.
2. Los fines y objetivos para los cuales se crea.
3. El tiempo de su vigencia.
4. Los aportes a los cuales se obligan las entidades que la constituyen.
6. La composición del organismo directivo de la mancomunidad, forma de designación, facultades y responsabilidades.
7. Procedimiento para la reforma o disolución de la mancomunidad y los mecanismos previstos de conciliación entre las partes.
8. Las condiciones de disolución de la mancomunidad antes del lapso previsto.
9. Definición de las funciones que serán objeto de la mancomunidad.
10. Definición de las funciones y mecanismos de control externo.
11. Los mecanismos de participación ciudadana y de rendición de cuentas.
12. Los mecanismos que garanticen el cumplimiento de los aportes establecidos para los municipios participantes.
1.3.6. Las mancomunidades tendrán personalidad jurídica propia.
1.4. Las mancomunidades y la Ley de los Consejos Comunales
La Ley de los Consejos Comunales, tan sólo menciona una vez a la “mancomunidad de consejos comunales” en el artículo 10 y refiriéndola al contexto de la Unidad de Gestión Financiera o Banco Comunal.
Artículo 10. La unidad de gestión financiera es un órgano integrado por cinco (5) habitantes de la comunidad electos y electas por la Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas, que funciona como un ente de ejecución financiera de los consejos comunales para administrar recursos financieros, servir de ente de inversión y crédito y, realizar intermediación financiera con los fondos generados, asignados o captados.
A los efectos de esa ley, la unidad de gestión financiera se denominará Banco Comunal. El Banco Comunal pertenecerá a un consejo comunal o mancomunidad de consejos comunales; de acuerdo al desarrollo de los mismos y a las necesidades por ellos establecidas.
Serán socios y socias del Banco Comunal todos los ciudadanos y ciudadanos que habiten en el ámbito geográfico definido por la Asamblea de Ciudadanos y que conforman el consejo comunal o la mancomunidad de consejos comunales.
El Banco Comunal adquirirá la figura de cooperativa y se regirá por la Ley Especial de Asociaciones Cooperativas, la Ley de Creación, Estímulo, Promoción y Desarrollo del Sistema Micro-Financiero y otras leyes aplicables; así como por la presente ley y su Reglamento. Los Bancos Comunales quedarán exceptuados de la regulación de la Ley de Bancos y Otras Instituciones Financieras.
2. Las derivaciones conceptuales hacia “las mancomunidades de consejos comunales”
El establecimiento de las comunidades de consejos comunales es un tema en construcción por el propio Gobierno Nacional. Aún las instituciones oficiales nacionales no han delimitado un perfil completo de la organización de las “mancomunidades comunales”, fuera de lo que expresa la Ley de los Consejos Comunales.
Una pista la encontramos en la presentación titulada “Consejos Comunales y Banco Comunales” donde el Ministerio de Participación Popular y Desarrollo Social (MINPADES), considera que una mancomunidad es “la unión de varios consejos comunales que identifican una necesidad u objetivos compartidos y se unen con la finalidad de elaborar soluciones y/o tramitar ante las diversas instituciones los recursos necesarios para solucionarlos; así como atender necesidades de tipo personal de carácter productivo y no productivo. Fomentando la creación de redes de solidaridad entre las comunidades” (sic).
Desde un punto vista técnico, se pueden establecer algunas derivaciones conceptuales para perfilar este nuevo tipo de mancomunidad o “mancomunidades de consejos comunales”:
1. Constituyen una “figura asociativa voluntaria, apegada a las leyes vigentes, y de carácter ciudadano que se constituyen, previo acuerdo, entre dos o más consejos comunales; ubicados en una o más parroquias y/o municipios; y cuyo propósito será la gestión de funciones y actividades determinadas, de manera conjunta entre ellas, y con las autoridades públicas locales”.
2. Las “mancomunidades comunales” no sólo funcionarán como entidades financieras de proyectos productivos o no productivos, individuales y colectivos; sino que deberán garantizar la adecuada coordinación de las actividades acordadas para la mancomunidad, por cada uno de los consejos comunales representados en esa figura intergubernamental; y que se reflejarán en el Plan de Desarrollo Comunal Mancomunado.
3. Específicamente la actividad de la mancomunidad estará sujeta a los principios de corresponsabilidad, cooperación, solidaridad, transparencia, rendición de cuentas, honestidad, eficacia, eficiencia, responsabilidad social, control social, equidad, justicia e igualdad social y de género. Estos principios se encuentran contenidos en la Ley de los Consejos Comunales (artículo 3).
4. También estarán sujetas a los mandatos de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; y con especial énfasis a la Ley Orgánica del Poder Público Municipal, la Ley Orgánica de la Administración Pública, la Ley Orgánica de Planificación, la Ley Orgánica de al Contraloría General de la República y el Sistema de Control Fiscal, la Ley de los Consejos Locales de Planificación Pública, la Ley de Consejos Comunales y cualquier otro instrumento legal vinculado a la gestión de programas, políticas y proyectos de carácter ambiental, comunitario, social productivo y no productivo.
5. Las autoridades locales como garantes del cumplimiento de las leyes de la República, del Plan Municipal de Desarrollo y de los otros planes que orientan la actividad pública municipal y parroquial deberán establecer las ordenanzas, reglamentos, normas y procedimientos para la adecuada coordinación, supervisión y control de la actividad de las mancomunidades de consejos comunales, en aras de garantizar el adecuado ejercicio de los derechos a la participación ciudadana en un marco de democracia, inclusión y pluralidad.
6. El establecimiento de las “mancomunidades de consejos comunales” responderán a las necesidades definidas por las comunidades interesadas mediante un diagnóstico comunitario, recogidas en el plan de desarrollo comunitario; y aprobadas en su debido momento por las respectivas asambleas de ciudadanas y ciudadanas.
7. Las autoridades locales, el Consejo Local de Planificación Pública, el Consejo de Defensa de la Niñez y la Adolescencia y la Justicia de Paz coadyuvarán para que la conformación de estas nuevas formas asociativas no estatales y, su respectivo Plan de Desarrollo Comunal Mancomunado (PDCM) se armonice con los planes, programas y proyectos municipales.
8. En el caso de comunidades aledañas con interés de cooperación y de mancomunarse pero con asimetrías en sus carencias y su calidad de vida, las autoridades locales emprenderán proceso de acompañamiento en la estructuración de los acuerdos y negociaciones previas entre las comunidades involucradas.
3. Algunas consideraciones técnicas y procesales
3.1. Pasos para la conformación de una mancomunidad de consejos comunales
3.1.1. Iniciativa popular de los miembros de uno o más consejos comunales para emprender el proceso de creación de la mancomunidad.
3.1.2. Notificación por parte de los Órganos Ejecutivos de los Consejos Comunales participantes, al Ejecutivo Municipal y al Consejo Local de Planificación Pública del municipio.
3.1.3. Realización de parte de los habitantes de las comunidades involucradas, del diagnóstico participativo respectivo para la identificación de áreas e intereses favorables a la creación de la mancomunidad comunal.
3.1.4. Preparación técnica por parte de los Órganos Ejecutivos de los Consejos Comunales, de los términos del acuerdo para establecer la mancomunidad entre las partes.
3.1.5. Realización de la Asamblea de Ciudadanos de las comunidades interesadas, para aprobar el acuerdo de conformación de la mancomunidad; con base a los términos estructurados previamente.
3.1.6. Elección de los voceros representantes en la mancomunidad, por cada consejo comunal adherente.
3.1.7. Inicio de las actividades de la mancomunidad: elaboración del Plan Comunal de Desarrollo Mancomunado, creación de la Asociación Cooperativa Banco Comunal.
Nota: todo este proceso debe ser documentado.
3.2. Contenidos básicos para la elaboración del acuerdo de creación de una “mancomunidad de consejos comunales”
3.2.1. La delimitación geográfica de la mancomunidad.
3.2.2. La delimitación de las áreas programáticas y las funciones que serán atendidas por la mancomunidad.
3.2.3. Los lineamientos para la elaboración del Plan Comunal de Desarrollo Mancomunado; que determinará la utilización de los recursos financieros y no financieros del Banco Comunal.
3.2.4. Los mecanismos de información y rendición de cuentas ante los miembros de la mancomunidad de consejos comunales y las autoridades públicas locales, regionales y nacionales sobre la gestión y uso de los recursos públicos recibidos.
3.2.5. Los procedimientos de coordinación y cooperación con las autoridades municipales para el adecuado cumplimiento de las políticas, planes, programas y proyectos de inversión social en municipio.
3.2.6. La duración de la mancomunidad y los medios de negociación y resolución de conflictos entre los consejos comunales asociados, la ciudadanía y las autoridades locales, regionales y nacionales.
3.3. Delimitación de áreas de gestión de las mancomunidades de consejos comunales
3.3.1. Los proyectos de micro inversión social destinados al mejoramiento de instalaciones y servicios educativos, sanitarios, culturales y deportivos.
3.3.4. Los proyectos no financieros de desarrollo comunitario orientados al fortalecimiento de los propios consejos comunales, al desarrollo de campañas de capacitación y adiestramiento en áreas sensibles a los habitantes de la comunidad.
3.3.3. Los proyectos productivos; tales como: cooperativas de servicios y la cogestión de instalaciones públicas en el ámbito mancomunado.
3.3.4. Las actividades vinculadas a las políticas, programas y proyectos contenidos en el Plan Municipal de Desarrollo y el Plan Comunal Mancomunado de Desarrollo.
4. Conclusiones y recomendaciones
4.1. Las mancomunidades constituyen una figura asociativa intergubernamental que posee un basamento consistente en el marco legal vigente en el país. Las mancomunidades serán consideradas como nuevos sujetos de descentralización según el discurso del Gobierno central.
4.2. Las Mancomunidad de Consejos Comunales, contenida en la Ley de los Consejos Comunales; no se encuentra aún lo suficientemente elaborada. Y por otra parte, parece circunscrita al ámbito de la “Unidad de Gestión Financiera” de los consejos comunales. Esta característica puede limitar su operatividad.
4.3. En tal sentido, una propuesta alternativa viable y con base a criterios técnicos tendría que ampliar el alcance de la Mancomunidades de Consejos Comunales, con su posible inserción en la ejecución de los planes concebidos por las Alcaldías, para el desarrollo armónico del municipio. Esa es la estrategia.
4.4. La estructuración de un conjunto de normas, (por medio de una ordenanza) que oriente la relación Alcaldía, consejos comunales y sus mancomunidades, resulta otra opción válida y ampliamente recomendable. Una ordenanza que establezca los derechos y deberes, y procesos con claridad permitirán una mayor cercanía entre los consejos comunales y el poder constituido.
4.5. Por otra parte, la Alcaldía debe jugar un papel de intermediación, en los procesos de creación de una Mancomunidad entre consejos comunales pertenecientes a comunidades muy dispares en cuanto a su calidad de vida. Aquí de nuevo, las reglas claras son ineludibles y necesarias.
4.6. Los instrumentos sugeridos en este papel de trabajo, como el Plan Comunal Mancomunado de Desarrollo y realización de negociaciones técnicas entre voceros de los consejos comunales, además de contribuir a crear consensos y disminuir asimetrías entre localidades dispares, pueden generar confianza en momento en que la polarización del país sigue creciendo.
4.7. Por último, de concretarse, Mancomunidades entre Consejos Comunales de distintas características socio-económicas podría mostrarse en un futuro cercano, como una posibilidad real de realizar políticas sociales mediante la concertación y la cooperación.
1. La base legal de las mancomunidades
2. Las derivaciones conceptuales hacia las “mancomunidades de consejos comunales”
3. Algunas consideraciones técnicas y procesales
4. Conclusiones y recomendaciones
1. La base legal de las mancomunidades
1.1. Las mancomunidades constituyen una forma asociativa intergubernamental, de carácter voluntario, creadas por dos o más municipios para atender asuntos de interés públicos vinculados a sus competencias, por un tiempo determinado y bajo unas condiciones establecidas.
1.2. La primera mención directa a la figura asociativa de las mancomunidades se encuentra en el artículo 170 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, correspondiente al Capítulo IV referido al Poder Público Municipal. De manera indirecta, las mancomunidades pueden ser asimiladas como nuevos sujetos de descentralización; de acuerdo al numeral 7 del artículo 184 de la misma CRBV.
1.3. Un desarrollo más amplio y expreso de las mancomunidades se haya claramente establecido en la Ley Orgánica del Poder Público Municipal, en su Capitulo IV, “De las mancomunidades y demás figuras asociativas”. Las características relevantes de las mancomunidades son las siguientes:
1.3.1. Son figuras asociativas de carácter voluntario, entre dos o más municipios, colindantes o no e incluso pertenecientes a diferentes entidades federales.
1.3.2. Las mancomunidades podrán asumir parte de las materias o funciones de los municipios mancomunados más, NO la totalidad de las mismas.
1.3.3. Los poderes públicos nacional y estadual podrán crear fondos especiales a los fines de la descentralización de competencias hacia estas entidades intergubernamentales.
1.3.4. Las mancomunidades (o su creación) tendrían que estar contempladas en los Planes Municipales de Desarrollo y ser aprobadas por los CLPP de los municipios involucrados.
1.3.5. Las mancomunidades se crearán mediante un acuerdo; y sus estatutos contendrán:
1. El nombre, el objeto y domicilio de la mancomunidad y los municipios que la constituirán.
2. Los fines y objetivos para los cuales se crea.
3. El tiempo de su vigencia.
4. Los aportes a los cuales se obligan las entidades que la constituyen.
6. La composición del organismo directivo de la mancomunidad, forma de designación, facultades y responsabilidades.
7. Procedimiento para la reforma o disolución de la mancomunidad y los mecanismos previstos de conciliación entre las partes.
8. Las condiciones de disolución de la mancomunidad antes del lapso previsto.
9. Definición de las funciones que serán objeto de la mancomunidad.
10. Definición de las funciones y mecanismos de control externo.
11. Los mecanismos de participación ciudadana y de rendición de cuentas.
12. Los mecanismos que garanticen el cumplimiento de los aportes establecidos para los municipios participantes.
1.3.6. Las mancomunidades tendrán personalidad jurídica propia.
1.4. Las mancomunidades y la Ley de los Consejos Comunales
La Ley de los Consejos Comunales, tan sólo menciona una vez a la “mancomunidad de consejos comunales” en el artículo 10 y refiriéndola al contexto de la Unidad de Gestión Financiera o Banco Comunal.
Artículo 10. La unidad de gestión financiera es un órgano integrado por cinco (5) habitantes de la comunidad electos y electas por la Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas, que funciona como un ente de ejecución financiera de los consejos comunales para administrar recursos financieros, servir de ente de inversión y crédito y, realizar intermediación financiera con los fondos generados, asignados o captados.
A los efectos de esa ley, la unidad de gestión financiera se denominará Banco Comunal. El Banco Comunal pertenecerá a un consejo comunal o mancomunidad de consejos comunales; de acuerdo al desarrollo de los mismos y a las necesidades por ellos establecidas.
Serán socios y socias del Banco Comunal todos los ciudadanos y ciudadanos que habiten en el ámbito geográfico definido por la Asamblea de Ciudadanos y que conforman el consejo comunal o la mancomunidad de consejos comunales.
El Banco Comunal adquirirá la figura de cooperativa y se regirá por la Ley Especial de Asociaciones Cooperativas, la Ley de Creación, Estímulo, Promoción y Desarrollo del Sistema Micro-Financiero y otras leyes aplicables; así como por la presente ley y su Reglamento. Los Bancos Comunales quedarán exceptuados de la regulación de la Ley de Bancos y Otras Instituciones Financieras.
2. Las derivaciones conceptuales hacia “las mancomunidades de consejos comunales”
El establecimiento de las comunidades de consejos comunales es un tema en construcción por el propio Gobierno Nacional. Aún las instituciones oficiales nacionales no han delimitado un perfil completo de la organización de las “mancomunidades comunales”, fuera de lo que expresa la Ley de los Consejos Comunales.
Una pista la encontramos en la presentación titulada “Consejos Comunales y Banco Comunales” donde el Ministerio de Participación Popular y Desarrollo Social (MINPADES), considera que una mancomunidad es “la unión de varios consejos comunales que identifican una necesidad u objetivos compartidos y se unen con la finalidad de elaborar soluciones y/o tramitar ante las diversas instituciones los recursos necesarios para solucionarlos; así como atender necesidades de tipo personal de carácter productivo y no productivo. Fomentando la creación de redes de solidaridad entre las comunidades” (sic).
Desde un punto vista técnico, se pueden establecer algunas derivaciones conceptuales para perfilar este nuevo tipo de mancomunidad o “mancomunidades de consejos comunales”:
1. Constituyen una “figura asociativa voluntaria, apegada a las leyes vigentes, y de carácter ciudadano que se constituyen, previo acuerdo, entre dos o más consejos comunales; ubicados en una o más parroquias y/o municipios; y cuyo propósito será la gestión de funciones y actividades determinadas, de manera conjunta entre ellas, y con las autoridades públicas locales”.
2. Las “mancomunidades comunales” no sólo funcionarán como entidades financieras de proyectos productivos o no productivos, individuales y colectivos; sino que deberán garantizar la adecuada coordinación de las actividades acordadas para la mancomunidad, por cada uno de los consejos comunales representados en esa figura intergubernamental; y que se reflejarán en el Plan de Desarrollo Comunal Mancomunado.
3. Específicamente la actividad de la mancomunidad estará sujeta a los principios de corresponsabilidad, cooperación, solidaridad, transparencia, rendición de cuentas, honestidad, eficacia, eficiencia, responsabilidad social, control social, equidad, justicia e igualdad social y de género. Estos principios se encuentran contenidos en la Ley de los Consejos Comunales (artículo 3).
4. También estarán sujetas a los mandatos de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; y con especial énfasis a la Ley Orgánica del Poder Público Municipal, la Ley Orgánica de la Administración Pública, la Ley Orgánica de Planificación, la Ley Orgánica de al Contraloría General de la República y el Sistema de Control Fiscal, la Ley de los Consejos Locales de Planificación Pública, la Ley de Consejos Comunales y cualquier otro instrumento legal vinculado a la gestión de programas, políticas y proyectos de carácter ambiental, comunitario, social productivo y no productivo.
5. Las autoridades locales como garantes del cumplimiento de las leyes de la República, del Plan Municipal de Desarrollo y de los otros planes que orientan la actividad pública municipal y parroquial deberán establecer las ordenanzas, reglamentos, normas y procedimientos para la adecuada coordinación, supervisión y control de la actividad de las mancomunidades de consejos comunales, en aras de garantizar el adecuado ejercicio de los derechos a la participación ciudadana en un marco de democracia, inclusión y pluralidad.
6. El establecimiento de las “mancomunidades de consejos comunales” responderán a las necesidades definidas por las comunidades interesadas mediante un diagnóstico comunitario, recogidas en el plan de desarrollo comunitario; y aprobadas en su debido momento por las respectivas asambleas de ciudadanas y ciudadanas.
7. Las autoridades locales, el Consejo Local de Planificación Pública, el Consejo de Defensa de la Niñez y la Adolescencia y la Justicia de Paz coadyuvarán para que la conformación de estas nuevas formas asociativas no estatales y, su respectivo Plan de Desarrollo Comunal Mancomunado (PDCM) se armonice con los planes, programas y proyectos municipales.
8. En el caso de comunidades aledañas con interés de cooperación y de mancomunarse pero con asimetrías en sus carencias y su calidad de vida, las autoridades locales emprenderán proceso de acompañamiento en la estructuración de los acuerdos y negociaciones previas entre las comunidades involucradas.
3. Algunas consideraciones técnicas y procesales
3.1. Pasos para la conformación de una mancomunidad de consejos comunales
3.1.1. Iniciativa popular de los miembros de uno o más consejos comunales para emprender el proceso de creación de la mancomunidad.
3.1.2. Notificación por parte de los Órganos Ejecutivos de los Consejos Comunales participantes, al Ejecutivo Municipal y al Consejo Local de Planificación Pública del municipio.
3.1.3. Realización de parte de los habitantes de las comunidades involucradas, del diagnóstico participativo respectivo para la identificación de áreas e intereses favorables a la creación de la mancomunidad comunal.
3.1.4. Preparación técnica por parte de los Órganos Ejecutivos de los Consejos Comunales, de los términos del acuerdo para establecer la mancomunidad entre las partes.
3.1.5. Realización de la Asamblea de Ciudadanos de las comunidades interesadas, para aprobar el acuerdo de conformación de la mancomunidad; con base a los términos estructurados previamente.
3.1.6. Elección de los voceros representantes en la mancomunidad, por cada consejo comunal adherente.
3.1.7. Inicio de las actividades de la mancomunidad: elaboración del Plan Comunal de Desarrollo Mancomunado, creación de la Asociación Cooperativa Banco Comunal.
Nota: todo este proceso debe ser documentado.
3.2. Contenidos básicos para la elaboración del acuerdo de creación de una “mancomunidad de consejos comunales”
3.2.1. La delimitación geográfica de la mancomunidad.
3.2.2. La delimitación de las áreas programáticas y las funciones que serán atendidas por la mancomunidad.
3.2.3. Los lineamientos para la elaboración del Plan Comunal de Desarrollo Mancomunado; que determinará la utilización de los recursos financieros y no financieros del Banco Comunal.
3.2.4. Los mecanismos de información y rendición de cuentas ante los miembros de la mancomunidad de consejos comunales y las autoridades públicas locales, regionales y nacionales sobre la gestión y uso de los recursos públicos recibidos.
3.2.5. Los procedimientos de coordinación y cooperación con las autoridades municipales para el adecuado cumplimiento de las políticas, planes, programas y proyectos de inversión social en municipio.
3.2.6. La duración de la mancomunidad y los medios de negociación y resolución de conflictos entre los consejos comunales asociados, la ciudadanía y las autoridades locales, regionales y nacionales.
3.3. Delimitación de áreas de gestión de las mancomunidades de consejos comunales
3.3.1. Los proyectos de micro inversión social destinados al mejoramiento de instalaciones y servicios educativos, sanitarios, culturales y deportivos.
3.3.4. Los proyectos no financieros de desarrollo comunitario orientados al fortalecimiento de los propios consejos comunales, al desarrollo de campañas de capacitación y adiestramiento en áreas sensibles a los habitantes de la comunidad.
3.3.3. Los proyectos productivos; tales como: cooperativas de servicios y la cogestión de instalaciones públicas en el ámbito mancomunado.
3.3.4. Las actividades vinculadas a las políticas, programas y proyectos contenidos en el Plan Municipal de Desarrollo y el Plan Comunal Mancomunado de Desarrollo.
4. Conclusiones y recomendaciones
4.1. Las mancomunidades constituyen una figura asociativa intergubernamental que posee un basamento consistente en el marco legal vigente en el país. Las mancomunidades serán consideradas como nuevos sujetos de descentralización según el discurso del Gobierno central.
4.2. Las Mancomunidad de Consejos Comunales, contenida en la Ley de los Consejos Comunales; no se encuentra aún lo suficientemente elaborada. Y por otra parte, parece circunscrita al ámbito de la “Unidad de Gestión Financiera” de los consejos comunales. Esta característica puede limitar su operatividad.
4.3. En tal sentido, una propuesta alternativa viable y con base a criterios técnicos tendría que ampliar el alcance de la Mancomunidades de Consejos Comunales, con su posible inserción en la ejecución de los planes concebidos por las Alcaldías, para el desarrollo armónico del municipio. Esa es la estrategia.
4.4. La estructuración de un conjunto de normas, (por medio de una ordenanza) que oriente la relación Alcaldía, consejos comunales y sus mancomunidades, resulta otra opción válida y ampliamente recomendable. Una ordenanza que establezca los derechos y deberes, y procesos con claridad permitirán una mayor cercanía entre los consejos comunales y el poder constituido.
4.5. Por otra parte, la Alcaldía debe jugar un papel de intermediación, en los procesos de creación de una Mancomunidad entre consejos comunales pertenecientes a comunidades muy dispares en cuanto a su calidad de vida. Aquí de nuevo, las reglas claras son ineludibles y necesarias.
4.6. Los instrumentos sugeridos en este papel de trabajo, como el Plan Comunal Mancomunado de Desarrollo y realización de negociaciones técnicas entre voceros de los consejos comunales, además de contribuir a crear consensos y disminuir asimetrías entre localidades dispares, pueden generar confianza en momento en que la polarización del país sigue creciendo.
4.7. Por último, de concretarse, Mancomunidades entre Consejos Comunales de distintas características socio-económicas podría mostrarse en un futuro cercano, como una posibilidad real de realizar políticas sociales mediante la concertación y la cooperación.
jueves, junio 07, 2007
MANIFIESTO PROFESORAL

Los profesores de las Universidades Venezolanas respaldamos la valerosa lucha de los estudiantes, quienes no han dudado en salir a la calle en defensa de la democracia. Sentimos un compromiso moral con la posición asumida por estos jóvenes, porque recoge los preciados valores de la libertad y del respeto a la pluralidad, nutrientes irrenunciables de nuestro quehacer académico, como de la convivencia civilizada en sociedad.
El movimiento estudiantil venezolano ha escrito gloriosas páginas de lucha en la conquista y defensa de la democracia y de la justicia social. En 1928 los universitarios se movilizaron para denunciar a la tiranía gomecista y en el 36, para exigir un régimen de libertades, una vez muerto el dictador. La huelga estudiantil del 21 de noviembre de 1957 fue una clarinada que animó al país a no tolerar más los abusos y atropellos de la dictadura perez-jimenista. En las luchas de los años ’60 y ’70 los estudiantes reclamaron sus derechos políticos, denunciaron la represión y se movilizaron en defensa de la autonomía universitaria. Hoy los jóvenes del país recogen estas banderas, construyendo un inmenso movimiento de protesta en defensa de su futuro y del derecho a vivir en una sociedad libre. El presidente Chávez se equivoca rotundamente al despreciar y querer descalificar a estos valientes jóvenes.
Compartimos la preocupación de los jóvenes por la restricción a la libertad de expresión, representada en el cierre del canal de televisión de mayor audiencia del país, debido a sus críticas a la gestión gubernamental. Lamentamos que la estrechez ideológica de algunos voceros del Ejecutivo lleve a percibir las movilizaciones estudiantiles a través del lente de la confrontación con “el enemigo”, negándose al diálogo y a la búsqueda de acuerdos que respeten la convivencia con amplios sectores que tienen razones legítimas para protestar. Repudiamos que la represión sea la única respuesta y calificamos de infame el llamado a activar gavillas armadas pro-gobierno para arremeter contra la justa protesta de los jóvenes, reminiscente de lo que hicieron en su momento los camisas negras de las fascio, los camisas pardas nazis, los camisas azules de la falange y ahora los uniformados de rojo del oficialismo. Consideramos criminal que se intente, desde algunos medios de comunicación oficialistas, fomentar el odio contra los estudiantes, diciendo que responden a “planes desestabilizadores” de intereses extranjeros o de la “oligarquía”.
Nos preocupa, las arremetidas en contra de la autonomía universitaria y los principios cardinales del quehacer académico por parte del presidente Chávez en su alocución del pasado jueves 24 de mayo en el Teatro Teresa Carreño. Las universidades son instrumentos indispensables de desarrollo, ventanas al mundo y a los avances en la frontera del conocimiento científico y humanístico. La autonomía es crucial para esta misión, pues impide que la universidad sea colocada al servicio del poder y/o de intereses oscurantistas. Es oportuno recordar las palabras del Rector de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno, en respuesta al insolente grito, “¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!” proferido por el General falangista Millán Astray:
“Este es templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: la razón y derecho en la lucha”.
Como profesores universitarios, nos sentimos comprometidos a participar activamente en las jornadas que se desarrollan, al lado de los estudiantes y demás sectores de la sociedad, en defensa de las libertades consagradas en la Constitución y en los acuerdos internacionales de los cuales Venezuela es signataria. Sobre éstos se sustenta nuestra vida en democracia. Sin ellos, es inconcebible la autonomía universitaria que ampara nuestro quehacer académico.
¡Que vivan los universitarios!
¡Defendamos la autonomía, en libertad y democracia!
viernes, junio 01, 2007
RCTV, GOBIERNO Y LA PROTESTA ESTUDIANTIL
La no renovación de la concesión del canal televisivo RCTV ha originado una amplia protesta nacional cívica y pacífica, con la participación de todos los sectores del país comprometidos con la defensa de los derechos y libertades civiles. El movimiento estudiantil ha sido la vanguardia indiscutible de esta movilización social contestataria, a una histórica decisión del gobierno nacional que golpea y restringe la democracia venezolana.
En nuestro país, la juventud y los estudiantes siempre han estado articulados a las luchas por la defensa de la libertad y la democracia. Desde los albores de la lucha independentista nacional, nuestra juventud estuvo al frente de la gesta emancipadora. Simón Bolívar, Simón Rodríguez, Andrés Bello, Santiago Mariño y Antonio José de Sucre; entre otros héroes de la lucha independentista de Venezuela fueron jóvenes emprendedores y visionarios que asumieron con la mayor entrega la lucha por la libertad. Cada 12 de Febrero celebramos el “Día de la Juventud” de la Universidad de Caracas, bajo el comando del también joven General José Félix Ribas, frente a las huestes del sanguinario líder realista José Tomás Boves.
En la lucha contra el autoritarismo y la dictadura del General Juan Vicente Gómez (1908-1936), los jóvenes venezolanos también ofrendaron su creatividad, su fuerza y su patriotismo. El general Gómez mantuvo cerradas las universidades nacionales durante once años (1914-1925). En el año 1928 -en plena dictadura gomecista-, el movimiento estudiantil de Caracas, impulsó una serie de protestas contra el régimen, en el marco de la celebración de la “Semana del Estudiante”. En ese grupo estudiantil, conocido posteriormente como la “Generación del 28” estaban entre otros: Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Raúl Leoni y Miguel Otero Silva. El movimiento de protesta democrática fue sometido a una cruenta represión, resultando muchos de esos líderes estudiantiles apresados o deportados. Sin embargo, aquellos estudiantes dejaron una huella imborrable en la historia del país.
Bajo la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez (1953-1958), cientos de estudiantes venezolanos fueron exiliados o encarcelados por defender los ideales democráticos. A pesar de esa situación, la voluntad de lucha del movimiento estudiantil nunca fue quebrantada y su aporte fue decisivo y determinante al momento de la movilización popular que contribuyó a la caída del régimen militar de Pérez Jiménez.
En término generales y, por definición los movimientos estudiantiles son actores sociales de carácter alternativo, crítico, plural y democrático. Su referente inicial son los aspectos vinculados a la luchas reivindicativas por la calidad de la educación y el derecho al estudio. También las luchas populares y las luchas políticas forman parte de sus intereses naturales. En ese contexto, el movimiento estudiantil venezolano se ha incorporado –en forma pacífica y democrática-, a la legítima lucha por el ejercicio pleno de los derechos democráticos en el país; que se encuentra seriamente afectado por el creciente autoritarismo y la intolerancia del gobierno socialista. En otras palabras, los estudiantes de las universidades estatales y privadas venezolanas se han incorporado junto al resto de la población en la defensa de la democracia.
Frente a ello, el oficialismo ha desatado sin éxito una serie de medidas políticas y represivas en contra de la protesta popular. Una de ellas, fue intentar descalificar al movimiento juvenil argumentado que estaba siendo manipulado por sectores políticos vinculados al “imperialismo”. También, se empleó de nuevo, como un elemento disuasivo de la protesta, la conocida denuncia del “magnicidio”; aunque sin lograr mayor impacto popular. Otra medida implementada por el gobierno socialista ha sido emplear a los cuerpos de seguridad del Estado, en la represión directa de las movilizaciones de protesta. Por último, y quizás en una “jugada de última hora” algunos voceros oficialistas han llamado a una especie de confrontación social; exigiendo a los “barrios que bajen” a defender la decisión en contra de RCTV. Particularmente no creo, que esto ocurra, no sólo porque en los barrios RCTV tenía una gran sintonía; sino porque la amplia mayoría del pueblo venezolano no suscribe la violencia como método de gobierno.
Lo que si pienso, es que el caso de RCTV colocó al gobierno socialista contra la pared. El oficialismo perdió el debate y buena parte de su credibilidad dentro y fuera del país. El gobierno lo sabe, está consciente de ello; pero pretender utilizar la confrontación de pueblo contra pueblo no parece el camino más indicado para superar la auto-crisis generada por la restricción al ejercicio de la libertad de expresión, a la pluralidad del pensamiento, del derecho a la protesta o del derecho a la integridad física.
No sabemos si en el oficialismo, han comprendido que la acción política basada en el odio social y en la lucha de clases sólo agravará la crisis actual y, no la solucionará. Pero si acaso, el “núcleo dirigente de la revolución” insistiera en operar bajo un esquema opresivo y violento, el pueblo venezolano le propiciará una contundente derrota; mediante su apego a los valores democráticos.
A luz de los acontecimientos actuales, todo indica que un nuevo cambio pacífico, democrático y plural se está gestando en Venezuela. Ojalá tengamos la paciencia y el talante necesario para participar en él.
En nuestro país, la juventud y los estudiantes siempre han estado articulados a las luchas por la defensa de la libertad y la democracia. Desde los albores de la lucha independentista nacional, nuestra juventud estuvo al frente de la gesta emancipadora. Simón Bolívar, Simón Rodríguez, Andrés Bello, Santiago Mariño y Antonio José de Sucre; entre otros héroes de la lucha independentista de Venezuela fueron jóvenes emprendedores y visionarios que asumieron con la mayor entrega la lucha por la libertad. Cada 12 de Febrero celebramos el “Día de la Juventud” de la Universidad de Caracas, bajo el comando del también joven General José Félix Ribas, frente a las huestes del sanguinario líder realista José Tomás Boves.
En la lucha contra el autoritarismo y la dictadura del General Juan Vicente Gómez (1908-1936), los jóvenes venezolanos también ofrendaron su creatividad, su fuerza y su patriotismo. El general Gómez mantuvo cerradas las universidades nacionales durante once años (1914-1925). En el año 1928 -en plena dictadura gomecista-, el movimiento estudiantil de Caracas, impulsó una serie de protestas contra el régimen, en el marco de la celebración de la “Semana del Estudiante”. En ese grupo estudiantil, conocido posteriormente como la “Generación del 28” estaban entre otros: Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Raúl Leoni y Miguel Otero Silva. El movimiento de protesta democrática fue sometido a una cruenta represión, resultando muchos de esos líderes estudiantiles apresados o deportados. Sin embargo, aquellos estudiantes dejaron una huella imborrable en la historia del país.
Bajo la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez (1953-1958), cientos de estudiantes venezolanos fueron exiliados o encarcelados por defender los ideales democráticos. A pesar de esa situación, la voluntad de lucha del movimiento estudiantil nunca fue quebrantada y su aporte fue decisivo y determinante al momento de la movilización popular que contribuyó a la caída del régimen militar de Pérez Jiménez.
En término generales y, por definición los movimientos estudiantiles son actores sociales de carácter alternativo, crítico, plural y democrático. Su referente inicial son los aspectos vinculados a la luchas reivindicativas por la calidad de la educación y el derecho al estudio. También las luchas populares y las luchas políticas forman parte de sus intereses naturales. En ese contexto, el movimiento estudiantil venezolano se ha incorporado –en forma pacífica y democrática-, a la legítima lucha por el ejercicio pleno de los derechos democráticos en el país; que se encuentra seriamente afectado por el creciente autoritarismo y la intolerancia del gobierno socialista. En otras palabras, los estudiantes de las universidades estatales y privadas venezolanas se han incorporado junto al resto de la población en la defensa de la democracia.
Frente a ello, el oficialismo ha desatado sin éxito una serie de medidas políticas y represivas en contra de la protesta popular. Una de ellas, fue intentar descalificar al movimiento juvenil argumentado que estaba siendo manipulado por sectores políticos vinculados al “imperialismo”. También, se empleó de nuevo, como un elemento disuasivo de la protesta, la conocida denuncia del “magnicidio”; aunque sin lograr mayor impacto popular. Otra medida implementada por el gobierno socialista ha sido emplear a los cuerpos de seguridad del Estado, en la represión directa de las movilizaciones de protesta. Por último, y quizás en una “jugada de última hora” algunos voceros oficialistas han llamado a una especie de confrontación social; exigiendo a los “barrios que bajen” a defender la decisión en contra de RCTV. Particularmente no creo, que esto ocurra, no sólo porque en los barrios RCTV tenía una gran sintonía; sino porque la amplia mayoría del pueblo venezolano no suscribe la violencia como método de gobierno.
Lo que si pienso, es que el caso de RCTV colocó al gobierno socialista contra la pared. El oficialismo perdió el debate y buena parte de su credibilidad dentro y fuera del país. El gobierno lo sabe, está consciente de ello; pero pretender utilizar la confrontación de pueblo contra pueblo no parece el camino más indicado para superar la auto-crisis generada por la restricción al ejercicio de la libertad de expresión, a la pluralidad del pensamiento, del derecho a la protesta o del derecho a la integridad física.
No sabemos si en el oficialismo, han comprendido que la acción política basada en el odio social y en la lucha de clases sólo agravará la crisis actual y, no la solucionará. Pero si acaso, el “núcleo dirigente de la revolución” insistiera en operar bajo un esquema opresivo y violento, el pueblo venezolano le propiciará una contundente derrota; mediante su apego a los valores democráticos.
A luz de los acontecimientos actuales, todo indica que un nuevo cambio pacífico, democrático y plural se está gestando en Venezuela. Ojalá tengamos la paciencia y el talante necesario para participar en él.
sábado, mayo 26, 2007
SOCIALISMO Y RCTV
El cierre de RCTV –mediante la no renovación de su concesión- reafirma la contradicción antagónica entre los principios democráticos y, la “elite socialista” que se ha apoderado del Estado venezolano. En ese contexto, RCTV constituye además de un patrimonio histórico-cultural del país, representa un pivote fundamental del periodismo independiente y crítico, en un momento en que el sistema de libertades ciudadanas se encuentra bajo el acoso asfixiante del socialismo bolivariano.
Con la eliminación del canal 2, el gobierno socialista ha dado un paso importante para el establecimiento de un domino comunicacional e informativo en Venezuela. De esta forma, busca alcanzar tres objetivos políticos, muy importantes para sus intereses; a saber: i) reducir la vigilancia y el control de la opinión pública sobre su gestión; ii) restringir el acceso de los líderes democráticos a los medios de comunicación; y, iii) ampliar el margen de manipulación propagandística al proyecto revolucionario.
Para un régimen con aspiraciones de perpetuarse en el tiempo, el control y el sometimiento de los medios de comunicación de masas; y la restricción del ejercicio de los derechos humanos asociados a los mismos, resultan asuntos estratégicos. En otras palabras, para el autoritarismo, el control de la información y la restricción progresiva de las libertades públicas constituyen una regla de oro.
Por otra parte, en el caso venezolano, el cierre de un canal independiente como RCTV, coloca de nuevo sobre la mesa el debate en torno a la incompatibilidad del socialismo con la libertad y los derechos humanos. Y es que en efecto, la experiencia histórica nos señala que los modelos socialistas emprendidos en Asia, Europa y América Latina estuvieron signados por la opresión de una “elite revolucionaria” sobre el resto de la sociedad. En tal sentido, y en su debido momento regímenes como el Soviético, el de China comunista, el socialista de Cuba, el socialista de Corea del Norte o la experiencia del Khmer Rouge en Camboya recibieron serios señalamientos por la censura, la persecución, detención indebida y desaparición de disidentes. Bajo esas experiencias revolucionarias, la violación de los derechos humanos se hizo una práctica recurrente. Pero lo peor de esos casos fue que, las atrocidades políticas que se cometieron se hicieron en nombre de un “hombre nuevo” y un “mundo mejor”.
No obstante, en el campo socialista latinoamericano hubo avances importantes. De hecho, nace un pensamiento anti-imperialista, de izquierda y social-demócrata latinoamericano de manos del líder peruano Haya de la Torre, y con aportes del mismo Rómulo Betancourt. Más adelante, la izquierda latinoamericana se deslinda de los partidos comunistas y de la Internacional Comunista, sometidos durante décadas a la voluntad del Kremlin. Así mismo aparecen otras vertientes ideológicas progresistas como la llamada “Teología de la Liberación” en Brasil. La fallida experiencia del Presidente Salvador Allende en Chile, fue una muestra de los avances de una izquierda renovada y democrática, con ambiciones de romper los viejos paradigmas totalitarios del conocido “socialismo real”. En síntesis, en Suramérica (salvo el caso cubano) se desarrolló un pensamiento de izquierda autónomo, y muy diferente a los viejos modelos estalinistas y maoístas, europeos y asiáticos.
En Venezuela, ocurrió igual. Antes que nada hay que reconocer que los socialistas han formado parte de la historia de este país. Por supuesto, no como supone el régimen chavista afirmando que nuestro Libertador Simón Bolívar era socialista. No, esa afirmación del oficialismo es simplemente una especie de “ardid publicitario” para mercadear mejor su propuesta ante el pueblo venezolano. Nada más.
Salvador de Plaza, con su Partido Revolucionario del Proletariado (PRP), fue uno de los pioneros del pensamiento marxista-leninista en el país, cuestión que ignoran al parecer los ideólogos del oficialismo. También encontramos a los hermanos Machado: Gustavo y Eduardo, fundadores del Partido Comunista de Venezuela (PCV); junto con otros notables intelectuales. Cabe agregar que los comunistas criollos, a pesar de su debate constante con Acción Democrática (su gran rival ideológico durante años), se mantuvieron al lado de las luchas democráticas; como por ejemplo, lo demuestra su enfrentamiento contra la dictadura militar del General Marcos Pérez Jiménez.
Pero escribía que, en Venezuela al igual que en el resto de Suramérica hubo una renovación ideológica y política dentro de las filas socialistas. Y es que luego, del estrepitoso fracaso de la “lucha armada” emprendida por al izquierda venezolana durante la década de los años sesenta, se produjo en distintos tiempos y con diversidad de opiniones una recomposición de ese sector. Los desaparecidos Alfredo Maneiro (La Causa Radical) y Moisés Moleiro (Movimiento de Izquierda Revolucionaria); por una parte y, Pompeyo Márquez y Teodoro Petkoff (ambos PCV y luego Movimiento al Socialismo) y Américo Martín (Movimiento de Izquierda Revolucionaria, luego Nueva Alternativa); entre otros, impulsaron un amplísimo movimiento de reflexión y renovación del socialismo venezolano buscando su relanzamiento con base al rescate de los valores de la democracia, la libertad y la paz. De manera pues, que en nuestro país los socialistas produjeron una ruptura con las posiciones más oscuras del “socialismo real” y del totalitarismo.
Al margen de todo esto, el “socialismo bolivariano” que hoy se impone en Venezuela también ha realizado su deslinde. Pero un deslinde que nada tiene que ver con los avances y las experiencias producidas en nuestro continente ni con los aportes que brindaron algunos pensadores socialistas venezolanos para reconducir la utopía del mundo nuevo, del mundo mejor por los senderos de la democracia. Nada que ver.
Este “socialismo del siglo XXI” –y que de paso en nada se relaciona con El Libertador Simón Bolívar- sólo nos muestra la concreción del discurso intolerante, de la confrontación entre venezolanos, del irrespeto al derecho ajeno, que no admite críticas y que se recrea con la intimidación y el sometimiento del “contrario”. Este es un “socialismo reaccionario”, para el cual es inaceptable la existencia de la diversidad y pluralidad de opiniones, mensajes y contenidos. Para este socialismo, lo único permisible es la imposición hegemónica de una visión de la vida, del mundo y del país. Craso error.
A partir del 28 de Mayo, un nuevo ciclo político se abre. Una nueva etapa cuyas bases serían el autoritarismo y la represión discrecional e ideológico-política de cualquier factor o sector social que manifieste un pensamiento alternativo, autónomo, crítico y plural.
También el 28 de Mayo surgirá la bandera de lucha más poderosa que hayan tenido en los últimos tiempos los sectores democráticos venezolanos. Esa bandera será RCTV, ahora convertida en un nuevo símbolo de libertad y de democracia.
Con la eliminación del canal 2, el gobierno socialista ha dado un paso importante para el establecimiento de un domino comunicacional e informativo en Venezuela. De esta forma, busca alcanzar tres objetivos políticos, muy importantes para sus intereses; a saber: i) reducir la vigilancia y el control de la opinión pública sobre su gestión; ii) restringir el acceso de los líderes democráticos a los medios de comunicación; y, iii) ampliar el margen de manipulación propagandística al proyecto revolucionario.
Para un régimen con aspiraciones de perpetuarse en el tiempo, el control y el sometimiento de los medios de comunicación de masas; y la restricción del ejercicio de los derechos humanos asociados a los mismos, resultan asuntos estratégicos. En otras palabras, para el autoritarismo, el control de la información y la restricción progresiva de las libertades públicas constituyen una regla de oro.
Por otra parte, en el caso venezolano, el cierre de un canal independiente como RCTV, coloca de nuevo sobre la mesa el debate en torno a la incompatibilidad del socialismo con la libertad y los derechos humanos. Y es que en efecto, la experiencia histórica nos señala que los modelos socialistas emprendidos en Asia, Europa y América Latina estuvieron signados por la opresión de una “elite revolucionaria” sobre el resto de la sociedad. En tal sentido, y en su debido momento regímenes como el Soviético, el de China comunista, el socialista de Cuba, el socialista de Corea del Norte o la experiencia del Khmer Rouge en Camboya recibieron serios señalamientos por la censura, la persecución, detención indebida y desaparición de disidentes. Bajo esas experiencias revolucionarias, la violación de los derechos humanos se hizo una práctica recurrente. Pero lo peor de esos casos fue que, las atrocidades políticas que se cometieron se hicieron en nombre de un “hombre nuevo” y un “mundo mejor”.
No obstante, en el campo socialista latinoamericano hubo avances importantes. De hecho, nace un pensamiento anti-imperialista, de izquierda y social-demócrata latinoamericano de manos del líder peruano Haya de la Torre, y con aportes del mismo Rómulo Betancourt. Más adelante, la izquierda latinoamericana se deslinda de los partidos comunistas y de la Internacional Comunista, sometidos durante décadas a la voluntad del Kremlin. Así mismo aparecen otras vertientes ideológicas progresistas como la llamada “Teología de la Liberación” en Brasil. La fallida experiencia del Presidente Salvador Allende en Chile, fue una muestra de los avances de una izquierda renovada y democrática, con ambiciones de romper los viejos paradigmas totalitarios del conocido “socialismo real”. En síntesis, en Suramérica (salvo el caso cubano) se desarrolló un pensamiento de izquierda autónomo, y muy diferente a los viejos modelos estalinistas y maoístas, europeos y asiáticos.
En Venezuela, ocurrió igual. Antes que nada hay que reconocer que los socialistas han formado parte de la historia de este país. Por supuesto, no como supone el régimen chavista afirmando que nuestro Libertador Simón Bolívar era socialista. No, esa afirmación del oficialismo es simplemente una especie de “ardid publicitario” para mercadear mejor su propuesta ante el pueblo venezolano. Nada más.
Salvador de Plaza, con su Partido Revolucionario del Proletariado (PRP), fue uno de los pioneros del pensamiento marxista-leninista en el país, cuestión que ignoran al parecer los ideólogos del oficialismo. También encontramos a los hermanos Machado: Gustavo y Eduardo, fundadores del Partido Comunista de Venezuela (PCV); junto con otros notables intelectuales. Cabe agregar que los comunistas criollos, a pesar de su debate constante con Acción Democrática (su gran rival ideológico durante años), se mantuvieron al lado de las luchas democráticas; como por ejemplo, lo demuestra su enfrentamiento contra la dictadura militar del General Marcos Pérez Jiménez.
Pero escribía que, en Venezuela al igual que en el resto de Suramérica hubo una renovación ideológica y política dentro de las filas socialistas. Y es que luego, del estrepitoso fracaso de la “lucha armada” emprendida por al izquierda venezolana durante la década de los años sesenta, se produjo en distintos tiempos y con diversidad de opiniones una recomposición de ese sector. Los desaparecidos Alfredo Maneiro (La Causa Radical) y Moisés Moleiro (Movimiento de Izquierda Revolucionaria); por una parte y, Pompeyo Márquez y Teodoro Petkoff (ambos PCV y luego Movimiento al Socialismo) y Américo Martín (Movimiento de Izquierda Revolucionaria, luego Nueva Alternativa); entre otros, impulsaron un amplísimo movimiento de reflexión y renovación del socialismo venezolano buscando su relanzamiento con base al rescate de los valores de la democracia, la libertad y la paz. De manera pues, que en nuestro país los socialistas produjeron una ruptura con las posiciones más oscuras del “socialismo real” y del totalitarismo.
Al margen de todo esto, el “socialismo bolivariano” que hoy se impone en Venezuela también ha realizado su deslinde. Pero un deslinde que nada tiene que ver con los avances y las experiencias producidas en nuestro continente ni con los aportes que brindaron algunos pensadores socialistas venezolanos para reconducir la utopía del mundo nuevo, del mundo mejor por los senderos de la democracia. Nada que ver.
Este “socialismo del siglo XXI” –y que de paso en nada se relaciona con El Libertador Simón Bolívar- sólo nos muestra la concreción del discurso intolerante, de la confrontación entre venezolanos, del irrespeto al derecho ajeno, que no admite críticas y que se recrea con la intimidación y el sometimiento del “contrario”. Este es un “socialismo reaccionario”, para el cual es inaceptable la existencia de la diversidad y pluralidad de opiniones, mensajes y contenidos. Para este socialismo, lo único permisible es la imposición hegemónica de una visión de la vida, del mundo y del país. Craso error.
A partir del 28 de Mayo, un nuevo ciclo político se abre. Una nueva etapa cuyas bases serían el autoritarismo y la represión discrecional e ideológico-política de cualquier factor o sector social que manifieste un pensamiento alternativo, autónomo, crítico y plural.
También el 28 de Mayo surgirá la bandera de lucha más poderosa que hayan tenido en los últimos tiempos los sectores democráticos venezolanos. Esa bandera será RCTV, ahora convertida en un nuevo símbolo de libertad y de democracia.
martes, mayo 22, 2007
UNA PROPUESTA: EL FORO SOCIAL DE BARUTA
Cada día más, la solución de los problemas municipales requiere de un tratamiento corresponsable y participativo. En muchas localidades es común que, las autoridades públicas fundamenten su actuación en la visión doméstica que poseen del municipio, en detrimento de las posibilidades de inclusión de las iniciativas y opiniones ciudadanas. Se parte del concepto clásico de la “división social del trabajo”, entre aquellos que gobiernan –y que pretenden saberlo todo- y los demás; es decir, los gobernados, que sólo tendrían que votar por los que gobiernan (por supuesto) y pagar impuestos.
Bajo ese esquema, se ha gobernado Baruta durante los últimos siete años. Los resultados son hasta ahora: una ineficiente planificación urbana y un crecimiento urbanístico desordenado, la exclusión de los sectores populares de las políticas públicas locales, la omisión de la aplicación de preceptos constitucionales y legales en materia de participación ciudadana y, la afectación incontrolada del ambiente y de la zona protectora del Área Metropolitana de Caracas; entre otros asuntos. En esto, los representantes sociales y comunitarios del municipio también tenemos responsabilidad. Un poco por omisión, otro poco por hacer oposición a ultranza a los partidos que gobiernan el municipio y, también hasta por simple comodidad. En todo caso, el modelo de gestión burocrático que predomina en Baruta, sumado a la ineficaz participación de sus movimientos sociales y vecinales, está arruinando la calidad de todos.
Una salida constructiva puede ser la búsqueda de espacios de encuentro entre la sociedad civil y las autoridades públicas de Baruta, para que con el concurso de ambos factores, se intenten viabilizar salidas a los problemas domésticos. Mediante el impulso del Foro Social de Baruta, se pretendería crear confianza entre gobierno y ciudadanía, con el debate en mesas técnicas de trabajo; y donde temas como el urbanismo, la protección del ambiente, los servicios públicos o la inclusión de las comunidades populares sean tratados, considerando los distintos puntos que conviven en el municipio.
El Foro Social de Baruta representaría una oportunidad formidable para abordar de manera plural, democrática e incluyente los problemas que afectan nuestra calidad de vida. Allí les dejo la propuesta.
Bajo ese esquema, se ha gobernado Baruta durante los últimos siete años. Los resultados son hasta ahora: una ineficiente planificación urbana y un crecimiento urbanístico desordenado, la exclusión de los sectores populares de las políticas públicas locales, la omisión de la aplicación de preceptos constitucionales y legales en materia de participación ciudadana y, la afectación incontrolada del ambiente y de la zona protectora del Área Metropolitana de Caracas; entre otros asuntos. En esto, los representantes sociales y comunitarios del municipio también tenemos responsabilidad. Un poco por omisión, otro poco por hacer oposición a ultranza a los partidos que gobiernan el municipio y, también hasta por simple comodidad. En todo caso, el modelo de gestión burocrático que predomina en Baruta, sumado a la ineficaz participación de sus movimientos sociales y vecinales, está arruinando la calidad de todos.
Una salida constructiva puede ser la búsqueda de espacios de encuentro entre la sociedad civil y las autoridades públicas de Baruta, para que con el concurso de ambos factores, se intenten viabilizar salidas a los problemas domésticos. Mediante el impulso del Foro Social de Baruta, se pretendería crear confianza entre gobierno y ciudadanía, con el debate en mesas técnicas de trabajo; y donde temas como el urbanismo, la protección del ambiente, los servicios públicos o la inclusión de las comunidades populares sean tratados, considerando los distintos puntos que conviven en el municipio.
El Foro Social de Baruta representaría una oportunidad formidable para abordar de manera plural, democrática e incluyente los problemas que afectan nuestra calidad de vida. Allí les dejo la propuesta.
miércoles, mayo 16, 2007
SOCIALISMO BOLIVARIANO
La construcción del socialismo bolivariano y venezolano, de ese socialismo catalogado como nuevo y del siglo XXI demuestra día a día, su incapacidad para innovar políticamente y presentar una alternativa humana y civilizada, fundamentada en la convivencia democrática, en la promoción de la paz y en el respeto por la libertad. Organizaciones no gubernamentales, sindicatos y gremios, medios de comunicación social, periodistas y opinadores; y hasta cualquier hijo de vecina se han convertido en “preciados objetos de caza” de la intolerancia revolucionaria, por tan sólo expresar críticas a la gestión pública u opiniones distintas a la “verdad oficial”.
Las ONG´s vienen siendo amenazadas desde hace algún tiempo con la elaboración de leyes dirigidas a restringir su actividad. El caso de la Ley de Cooperación Internacional (LCI), es un claro ejemplo de la visión intervencionista y estatizadora que maneja el gobierno sobre sus relaciones con aquellas expresiones asociativas independientes. Además, en nuestro país se ha venido acusando desde el gobierno (y en un decidido intento de descalificación) a distintas organizaciones cívicas de poseer vinculaciones con gobiernos extranjeros o imperialistas; al punto que ya encontramos a dirigentes de organizaciones sociales venezolanas acusados de traición a la patria o con expresa prohibición de salida del país. Con estas medidas, pensamos que el oficialismo pretende alcanzar dos objetivos: primero, limitar las potencialidades de organización autónoma y popular, en torno a determinados intereses sociales; y segundo, evitar las posibilidades de contraloría social sobre las ejecutorias públicas.
El movimiento sindical y lo sindicatos también han comenzado a “recibir lo suyo”. Por una parte, la revolución ha hecho público su deseo de que tales organizaciones clasistas desaparezcan o por lo menos, sean cooptadas por los “mecanismos de participación bolivariano” como el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Y por la otra, desde el Ministerio del Poder Popular para el Trabajo se elabora un proyecto de ley destinado a crear los consejos de los trabajadores en los distintos centros laborales, con el único y simple objetivo de crear medios de organización paralela –e imaginamos que revolucionaria- a las organizaciones sindicales tradicionales. Cabe agregar que, según notas de prensa, los consejos de trabajadores tendrían entre sus funciones “la suspensión de las huelgas” bajo determinadas circunstancias. Así, los sindicatos y el movimiento obrero venezolanos -pese a su erosión y debilitamiento progresivo-, son considerados como enemigos de la revolución bolivariana. ¿Por qué prevalece esta percepción en el gobierno? Muy sencillo, porque pese a debilidades los sindicatos y el movimiento de obrero, son semilleros para la formación de líderes con sentido combativo, crítico y de conciencia social.
Los periodistas han sido un trofeo muy buscado a lo largo del proceso revolucionario venezolano. Así encontramos a periodistas agredidos, periodistas muertos, periodistas exilados, enjuiciados o presos. ¿Pero cuál ha sido su pecado? Uno muy grave, para el régimen: informar con libertad sobre los distintos eventos que han ocurrido en el país durante los últimos ocho años. Los medios de comunicación social tampoco han escapado a la ofensiva gubernamental. Y aunque algunos hayan cedido a la enorme presión oficialista, otros medios –la mayoría-, continúan en su diario batallar por seguir informando al pueblo. El caso de RCTV se ha convertido en todo un emblema de la más cruda represión a la libertad de expresión en los anales de la historia de Venezuela y, quizás en el mundo.
En realidad, uno de los mecanismos más efectivos de contraloría social sobre la gestión pública que existe, la constituyen los medios de comunicación social y ese pequeño ejército de periodistas, reporteros gráficos y camarógrafos que todos los días sale desde muy temprano a cubrir su pauta informativa. En tal sentido, para un gobierno que prioriza la hegemonía ideológica y la incondicionalidad sobre otros valores humanos, el periodismo independiente pasa a irremediablemente a convertirse en otro enemigo.
En Venezuela, la actividad de las organizaciones no gubernamentales, de los sindicatos y de los medios informativos impresos y audiovisuales han jugado un papel estratégico en el desarrollo de una cultura democrática y plural que ha sido asimilada ampliamente por los distintos sectores sociales que conforman nuestra nación. Hoy, esos actores sociales y esa cultura plural y democrática se encuentran amenazados; por una política oficial que en nombre del socialismo del siglo XXI o de un socialismo bolivariano, sólo ha sido capaz de reproducir los viejos vicios del estalinismo más ramplón y dañino.
Las ONG´s vienen siendo amenazadas desde hace algún tiempo con la elaboración de leyes dirigidas a restringir su actividad. El caso de la Ley de Cooperación Internacional (LCI), es un claro ejemplo de la visión intervencionista y estatizadora que maneja el gobierno sobre sus relaciones con aquellas expresiones asociativas independientes. Además, en nuestro país se ha venido acusando desde el gobierno (y en un decidido intento de descalificación) a distintas organizaciones cívicas de poseer vinculaciones con gobiernos extranjeros o imperialistas; al punto que ya encontramos a dirigentes de organizaciones sociales venezolanas acusados de traición a la patria o con expresa prohibición de salida del país. Con estas medidas, pensamos que el oficialismo pretende alcanzar dos objetivos: primero, limitar las potencialidades de organización autónoma y popular, en torno a determinados intereses sociales; y segundo, evitar las posibilidades de contraloría social sobre las ejecutorias públicas.
El movimiento sindical y lo sindicatos también han comenzado a “recibir lo suyo”. Por una parte, la revolución ha hecho público su deseo de que tales organizaciones clasistas desaparezcan o por lo menos, sean cooptadas por los “mecanismos de participación bolivariano” como el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Y por la otra, desde el Ministerio del Poder Popular para el Trabajo se elabora un proyecto de ley destinado a crear los consejos de los trabajadores en los distintos centros laborales, con el único y simple objetivo de crear medios de organización paralela –e imaginamos que revolucionaria- a las organizaciones sindicales tradicionales. Cabe agregar que, según notas de prensa, los consejos de trabajadores tendrían entre sus funciones “la suspensión de las huelgas” bajo determinadas circunstancias. Así, los sindicatos y el movimiento obrero venezolanos -pese a su erosión y debilitamiento progresivo-, son considerados como enemigos de la revolución bolivariana. ¿Por qué prevalece esta percepción en el gobierno? Muy sencillo, porque pese a debilidades los sindicatos y el movimiento de obrero, son semilleros para la formación de líderes con sentido combativo, crítico y de conciencia social.
Los periodistas han sido un trofeo muy buscado a lo largo del proceso revolucionario venezolano. Así encontramos a periodistas agredidos, periodistas muertos, periodistas exilados, enjuiciados o presos. ¿Pero cuál ha sido su pecado? Uno muy grave, para el régimen: informar con libertad sobre los distintos eventos que han ocurrido en el país durante los últimos ocho años. Los medios de comunicación social tampoco han escapado a la ofensiva gubernamental. Y aunque algunos hayan cedido a la enorme presión oficialista, otros medios –la mayoría-, continúan en su diario batallar por seguir informando al pueblo. El caso de RCTV se ha convertido en todo un emblema de la más cruda represión a la libertad de expresión en los anales de la historia de Venezuela y, quizás en el mundo.
En realidad, uno de los mecanismos más efectivos de contraloría social sobre la gestión pública que existe, la constituyen los medios de comunicación social y ese pequeño ejército de periodistas, reporteros gráficos y camarógrafos que todos los días sale desde muy temprano a cubrir su pauta informativa. En tal sentido, para un gobierno que prioriza la hegemonía ideológica y la incondicionalidad sobre otros valores humanos, el periodismo independiente pasa a irremediablemente a convertirse en otro enemigo.
En Venezuela, la actividad de las organizaciones no gubernamentales, de los sindicatos y de los medios informativos impresos y audiovisuales han jugado un papel estratégico en el desarrollo de una cultura democrática y plural que ha sido asimilada ampliamente por los distintos sectores sociales que conforman nuestra nación. Hoy, esos actores sociales y esa cultura plural y democrática se encuentran amenazados; por una política oficial que en nombre del socialismo del siglo XXI o de un socialismo bolivariano, sólo ha sido capaz de reproducir los viejos vicios del estalinismo más ramplón y dañino.
miércoles, mayo 09, 2007
SOBRE EL PARTIDO SOCIALISTA UNIDO DE VENEZUELA (PSUV)
Los partidos políticos son un componente esencial de la lucha política civilizada. Pero también, las organizaciones partidistas pueden convertirse en instrumentos de dominación de un sector sobre el resto de la sociedad. También los partidos son canales de mediación; entre ese conjunto de instituciones que denominamos Estado y la ciudadanía común. Y de la misma manera, los partidos pueden convertirse en mecanismos perversos; mediante los cuales se capturan y se secuestran las instituciones estatales. Las plataformas partidarias son medios idóneos para el debate ideológico y político. Aunque asimismo son “campos de batalla” donde la disensión suele ser aplastada, en función de los intereses supremos de algún ideal o utopía societaria. Hay partidos de masas y partidos de cuadros. Hay organizaciones plurales y otras de pensamiento único. En todo partido político, el elemento ideológico es lo importante. De tal manera que, habrá partidos social-demócratas, demo-cristianos, marxistas-leninistas, neo-nazistas y neo-fascistas o incluso otros partidos que fundamentan su “filosofía” en el culto a la personalidad de algún individuo. En síntesis, existe una variedad para todos los gustos.
La actividad de “construir partido”, no es una tarea fácil y no siempre es exitosa. Puede tardar años en constituirse, y deshacerse en minutos. Requiere un esfuerzo voluntario, disciplinado y cotidiano, en barrios y urbanizaciones, en liceos y universidades, en gremios y sindicatos, en el campo y en las fábricas; así como también en los distintos frentes de movilización social como el femenino, el de profesionales y técnicos o el internacional. Se trata de consolidar una plataforma sólida; cuyo fin último es acceder al poder, para ejercerlo con todas sus consecuencias y en función de una visión de la sociedad.
El gobierno ha emprendido la tarea de “construir su partido”, el partido de la revolución. Para ello, ha decidido postergar la realización de su proyectada reforma constitucional. No hay prisa. En otras palabras, para el oficialismo -en este momento-, la construcción del partido es su primera prioridad. En tal sentido, hemos visto el enorme despliegue propagandístico e institucional destinado a promocionar el proceso de inscripción de aquellos aspirantes a militantes del nuevo partido oficialista.
La conformación del PSUV fue anunciada con “serpentinas y bambalinas”. Como todo un acontecimiento festivo. Sólo que ese acontecimiento no fue totalmente festivo para la totalidad del conglomerado de revolucionarios venezolanos. Por ejemplo, su carácter único (ahora matizado con adjetivo unitario) despertó suspicacias y descontento en esa izquierda venezolana que apoya el socialismo del siglo XXI. Por supuesto, tales “suspicacias y descontento” fueron rápidamente aclaradas; por parte del “líder de proceso” mediante una serie de amenazas e insultos a aquellos dirigentes y militantes que tuvieron la osadía de “disentir” en torno al carácter unitario del partido. Este hecho también sirvió para aclarar ante propios y extraños, otra característica del PSUV: me refiero a su sesgo autoritario y a la poca democracia interna que ya prefigura. Imagínese usted lo que le espera dentro del PSUV si se atreve a disentir de la “línea política” impuesta desde arriba. Y es que lo ocurrido con Didalco Bolívar, Ramón Martínez o Ismael García es una muestra determinante de lo que podría ocurrirle a quien piense con un poco de autonomía.
Otra rasgo distintivo del naciente PSUV es su dependencia o articulación a los organismos públicos. En estas semanas ha sido público y notorio como funcionarios públicos de alto nivel han venido haciendo llamados para que la población se registre como aspirante al PSUV. Valga la pena recordar que, desde un comienzo se estableció como una condición indispensable la pertenencia al PSUV si se quería permanecer en el gobierno. Y este hecho es importante porque de nuevo revela otra característica de este partido: la utilización clientelista del aparato público. Al respecto, miembros del propio Consejo Nacional Electoral han considerado inconstitucional la utilización de unidades educativas como centros de afiliación al partido revolucionario. Pero además, ¿será necesario inscribirse en el PSUV, como requisito para contratar o prestar algún servicio a la administración pública? ¿y se respetarán acaso los preceptos constitucionales y legales sobre el ingreso, permanencia y ascenso de personal, o por el contrario, se impondrá una nueva meritocracia revolucionaria basada en la afiliación al PSUV? Todo parece indicar que el Estado y sus instituciones se convertirán en el viejo y clásico “botín de guerra” para el partido de turno en el ejercicio de gobierno, con el consecuente perjuicio para la mayoría de la población del país.
Algunos dirigentes revolucionarios del oficialismo estiman que el PSUV debe absorber las iniciativas organizativas del movimiento popular. En efecto, se ha planteado que este partido asuma el control de los sindicatos y de los consejos comunales; por ejemplo. A los sindicatos, se ha ofrecido (o pronosticado) su eliminación salvo que, por supuesto, se acojan a las directrices que emanarán del gobierno y su partido. En cuanto a los consejos comunales, ya el Alcalde Freddy Bernal ha sugerido que estas instancias comunitarias sean vinculadas al futuro PSUV; de manera contraria, para el concejal metropolitano Nicmar Evans, no debería confundirse el nuevo partido con los consejos comunales. En todo caso, esta polémica refleja la permanencia de aquellas visiones totalitarias que propugnaban la utilización del partido como un medio de control y avasallamiento de cualquier iniciativa popular. Y con los precedentes conocidos, confieso que no le veo muchas oportunidades de triunfo a la posición esgrimida por Evans, al momento que se debata ese tema en el PSUV.
Otros dirigentes oficialistas –con mayor franqueza aún- consideran que el PSUV debe estar al servicio del Presidente de la República. En efecto, el ciudadano Vice-Presidente Jorge Rodríguez argumentaba recientemente que, entre los fines del partido estaría la defensa de la revolución y del Jefe del Estado venezolano. No se refirió en la nota de prensa, el Vice-Presidente Rodríguez a la obligada defensa de los intereses del pueblo, como debería ser; por parte de ese partido. En realidad, tales posiciones se corresponden con el clásico enfoque revolucionario que supedita y limita la acción del gobierno y de su partido, a dos temas fundamentales: la defensa de su líder y la defensa de su proceso. Solamente eso. Los demás asuntos de interés colectivo suelen quedar en un plano de menor magnitud y relevancia.
La iniciativa oficialista de construir su partido revolucionario es legítima, y también portadora de las añejas deficiencias de las organizaciones leninistas tradicionales. El inadecuado y autoritario trato a sus propios aliados, la utilización clientelista de las instituciones estatales y, las claras manifestaciones de culto a la personalidad; por parte de sus dirigentes, así lo señalan. Pero no todo es negativo. Porque el PSUV nos servirá como ejemplo de eso que no debemos hacer en política si valoramos la democracia, la pluralidad, la paz, la inclusión y la libertad.
La actividad de “construir partido”, no es una tarea fácil y no siempre es exitosa. Puede tardar años en constituirse, y deshacerse en minutos. Requiere un esfuerzo voluntario, disciplinado y cotidiano, en barrios y urbanizaciones, en liceos y universidades, en gremios y sindicatos, en el campo y en las fábricas; así como también en los distintos frentes de movilización social como el femenino, el de profesionales y técnicos o el internacional. Se trata de consolidar una plataforma sólida; cuyo fin último es acceder al poder, para ejercerlo con todas sus consecuencias y en función de una visión de la sociedad.
El gobierno ha emprendido la tarea de “construir su partido”, el partido de la revolución. Para ello, ha decidido postergar la realización de su proyectada reforma constitucional. No hay prisa. En otras palabras, para el oficialismo -en este momento-, la construcción del partido es su primera prioridad. En tal sentido, hemos visto el enorme despliegue propagandístico e institucional destinado a promocionar el proceso de inscripción de aquellos aspirantes a militantes del nuevo partido oficialista.
La conformación del PSUV fue anunciada con “serpentinas y bambalinas”. Como todo un acontecimiento festivo. Sólo que ese acontecimiento no fue totalmente festivo para la totalidad del conglomerado de revolucionarios venezolanos. Por ejemplo, su carácter único (ahora matizado con adjetivo unitario) despertó suspicacias y descontento en esa izquierda venezolana que apoya el socialismo del siglo XXI. Por supuesto, tales “suspicacias y descontento” fueron rápidamente aclaradas; por parte del “líder de proceso” mediante una serie de amenazas e insultos a aquellos dirigentes y militantes que tuvieron la osadía de “disentir” en torno al carácter unitario del partido. Este hecho también sirvió para aclarar ante propios y extraños, otra característica del PSUV: me refiero a su sesgo autoritario y a la poca democracia interna que ya prefigura. Imagínese usted lo que le espera dentro del PSUV si se atreve a disentir de la “línea política” impuesta desde arriba. Y es que lo ocurrido con Didalco Bolívar, Ramón Martínez o Ismael García es una muestra determinante de lo que podría ocurrirle a quien piense con un poco de autonomía.
Otra rasgo distintivo del naciente PSUV es su dependencia o articulación a los organismos públicos. En estas semanas ha sido público y notorio como funcionarios públicos de alto nivel han venido haciendo llamados para que la población se registre como aspirante al PSUV. Valga la pena recordar que, desde un comienzo se estableció como una condición indispensable la pertenencia al PSUV si se quería permanecer en el gobierno. Y este hecho es importante porque de nuevo revela otra característica de este partido: la utilización clientelista del aparato público. Al respecto, miembros del propio Consejo Nacional Electoral han considerado inconstitucional la utilización de unidades educativas como centros de afiliación al partido revolucionario. Pero además, ¿será necesario inscribirse en el PSUV, como requisito para contratar o prestar algún servicio a la administración pública? ¿y se respetarán acaso los preceptos constitucionales y legales sobre el ingreso, permanencia y ascenso de personal, o por el contrario, se impondrá una nueva meritocracia revolucionaria basada en la afiliación al PSUV? Todo parece indicar que el Estado y sus instituciones se convertirán en el viejo y clásico “botín de guerra” para el partido de turno en el ejercicio de gobierno, con el consecuente perjuicio para la mayoría de la población del país.
Algunos dirigentes revolucionarios del oficialismo estiman que el PSUV debe absorber las iniciativas organizativas del movimiento popular. En efecto, se ha planteado que este partido asuma el control de los sindicatos y de los consejos comunales; por ejemplo. A los sindicatos, se ha ofrecido (o pronosticado) su eliminación salvo que, por supuesto, se acojan a las directrices que emanarán del gobierno y su partido. En cuanto a los consejos comunales, ya el Alcalde Freddy Bernal ha sugerido que estas instancias comunitarias sean vinculadas al futuro PSUV; de manera contraria, para el concejal metropolitano Nicmar Evans, no debería confundirse el nuevo partido con los consejos comunales. En todo caso, esta polémica refleja la permanencia de aquellas visiones totalitarias que propugnaban la utilización del partido como un medio de control y avasallamiento de cualquier iniciativa popular. Y con los precedentes conocidos, confieso que no le veo muchas oportunidades de triunfo a la posición esgrimida por Evans, al momento que se debata ese tema en el PSUV.
Otros dirigentes oficialistas –con mayor franqueza aún- consideran que el PSUV debe estar al servicio del Presidente de la República. En efecto, el ciudadano Vice-Presidente Jorge Rodríguez argumentaba recientemente que, entre los fines del partido estaría la defensa de la revolución y del Jefe del Estado venezolano. No se refirió en la nota de prensa, el Vice-Presidente Rodríguez a la obligada defensa de los intereses del pueblo, como debería ser; por parte de ese partido. En realidad, tales posiciones se corresponden con el clásico enfoque revolucionario que supedita y limita la acción del gobierno y de su partido, a dos temas fundamentales: la defensa de su líder y la defensa de su proceso. Solamente eso. Los demás asuntos de interés colectivo suelen quedar en un plano de menor magnitud y relevancia.
La iniciativa oficialista de construir su partido revolucionario es legítima, y también portadora de las añejas deficiencias de las organizaciones leninistas tradicionales. El inadecuado y autoritario trato a sus propios aliados, la utilización clientelista de las instituciones estatales y, las claras manifestaciones de culto a la personalidad; por parte de sus dirigentes, así lo señalan. Pero no todo es negativo. Porque el PSUV nos servirá como ejemplo de eso que no debemos hacer en política si valoramos la democracia, la pluralidad, la paz, la inclusión y la libertad.
domingo, abril 29, 2007
LA BATALLA POR LOS CONSEJOS COMUNALES
Una intensa batalla se libra en las comunidades venezolanas por los consejos comunales. Este enfrentamiento nos indica el creciente interés del sector más activo de la ciudadanía, en el futuro de entorno inmediato; así como de su calidad de vida. Y así mismo, la batalla refleja la diversidad de criterios e intereses de los actores participantes en la refriega. Veamos algunos casos.
Los partidos políticos de distinto signo, se baten entre sí y, hasta en alianza, en contra el movimiento vecinal independiente por capturar el mayor número de consejos comunales. También los vecinos aportan y desarrollan su propia batalla e incluso se sabotean entre sí iniciativas ciudadanas que muy probablemente pudieran afectar el liderazgo doméstico en alguna cuadra, avenida, urbanización o barrio.
Hay un sector militante que considera al consejo comunal como una herramienta ideológica para la construcción del socialismo del siglo XXI. Por lo tanto, para ese sector un consejo comunal será una especie de “centro de adoctrinamiento” sembrado en el corazón del pueblo. Hay otro sector militante, que pretende neutralizar la visión anterior a como de lugar, obstaculizando la organización de los consejos. Ambas posiciones por su extremismo menosprecian las posibilidades que brindan los consejos comunales como medios para mejorar la calidad de vida de las vecindades urbanas y rurales. Además, ambas posiciones trasladan al campo de la organización comunitaria, la “polarización política” que sacude del país. La consecuencia de esto son unos consejos comunales polarizados y, por lo tanto, excluyentes y manipulados.
A diario, se registran quejas y reclamos sobre los obstáculos propiciados por la burocracia oficial a aquellos consejos comunales sospechosos de estar conformados por “escuálidos” u de oposición. Distintas comunidades urbanas y rurales han denunciado la “injerencia impositiva” de efectivos de la Fuerza Armada Nacional, en la organización de los consejos comunales.
Hay individuos que perciben a los consejos como una oportunidad de hacer “dinero fácil”; a través de sus bancos comunales o cooperativas, a costa de las necesidades de sus vecindades. En este casos, se trata de una mentalidad clientelista que sólo busca sacar “provecho particular” a los dineros públicos. Por último, otra desviación muy común, es aquella que pretende utilizar la organización comunal para la satisfacción de la “egolatría de algún dirigente vecinal”, por encima de los intereses de la colectividad.
¿Entonces, hay posibilidades ciertas de organizar un buen consejo comunal? ¿Valdrá la pena el esfuerzo, en medio de tantos intereses enfrentados? Para nosotros, la respuesta es positiva sin lugar a dudas. Ocurre sin embargo, que un buen consejo comunal requiere de una comunidad unida, cohesionada y con una visión muy clara de sus necesidades y sus potencialidades. Para ello, resulta necesario que la iniciativa ciudadana se fundamente en una base valorativa caracterizada por la confianza, la honestidad, la solidaridad y la vocación de servicio.
Comunidades sin lazos de confianza, sin relaciones de cooperación y buena voluntad, serán presas fáciles de cualquiera de las desviaciones mencionadas. Y no se trata de caer en ingenuidades. No. Por el contrario, se trata de potenciar las posibilidades de crecimiento ciudadano, formativo y contributivo de cada barrio o urbanización en la ciudad y en el campo. Se trata de concebir y conformar a los consejos comunales como un espacio para el encuentro, para el debate constructivo en torno a la calidad de vida de cada uno de los componentes de la comunidad.
Para que los consejos comunales puedan funcionar de manera efectiva, incluyente y democrática se necesita del establecimiento de reglas claras y, del compromiso ético y práctico con el cumplimiento de esas reglas. Además, se hace necesaria una actitud favorable hacia el aprendizaje cívico, hacia el trabajo en equipo y hacia la responsabilidad compartida. Esas son las llaves de la victoria en la batalla por los consejos comunales.
Los partidos políticos de distinto signo, se baten entre sí y, hasta en alianza, en contra el movimiento vecinal independiente por capturar el mayor número de consejos comunales. También los vecinos aportan y desarrollan su propia batalla e incluso se sabotean entre sí iniciativas ciudadanas que muy probablemente pudieran afectar el liderazgo doméstico en alguna cuadra, avenida, urbanización o barrio.
Hay un sector militante que considera al consejo comunal como una herramienta ideológica para la construcción del socialismo del siglo XXI. Por lo tanto, para ese sector un consejo comunal será una especie de “centro de adoctrinamiento” sembrado en el corazón del pueblo. Hay otro sector militante, que pretende neutralizar la visión anterior a como de lugar, obstaculizando la organización de los consejos. Ambas posiciones por su extremismo menosprecian las posibilidades que brindan los consejos comunales como medios para mejorar la calidad de vida de las vecindades urbanas y rurales. Además, ambas posiciones trasladan al campo de la organización comunitaria, la “polarización política” que sacude del país. La consecuencia de esto son unos consejos comunales polarizados y, por lo tanto, excluyentes y manipulados.
A diario, se registran quejas y reclamos sobre los obstáculos propiciados por la burocracia oficial a aquellos consejos comunales sospechosos de estar conformados por “escuálidos” u de oposición. Distintas comunidades urbanas y rurales han denunciado la “injerencia impositiva” de efectivos de la Fuerza Armada Nacional, en la organización de los consejos comunales.
Hay individuos que perciben a los consejos como una oportunidad de hacer “dinero fácil”; a través de sus bancos comunales o cooperativas, a costa de las necesidades de sus vecindades. En este casos, se trata de una mentalidad clientelista que sólo busca sacar “provecho particular” a los dineros públicos. Por último, otra desviación muy común, es aquella que pretende utilizar la organización comunal para la satisfacción de la “egolatría de algún dirigente vecinal”, por encima de los intereses de la colectividad.
¿Entonces, hay posibilidades ciertas de organizar un buen consejo comunal? ¿Valdrá la pena el esfuerzo, en medio de tantos intereses enfrentados? Para nosotros, la respuesta es positiva sin lugar a dudas. Ocurre sin embargo, que un buen consejo comunal requiere de una comunidad unida, cohesionada y con una visión muy clara de sus necesidades y sus potencialidades. Para ello, resulta necesario que la iniciativa ciudadana se fundamente en una base valorativa caracterizada por la confianza, la honestidad, la solidaridad y la vocación de servicio.
Comunidades sin lazos de confianza, sin relaciones de cooperación y buena voluntad, serán presas fáciles de cualquiera de las desviaciones mencionadas. Y no se trata de caer en ingenuidades. No. Por el contrario, se trata de potenciar las posibilidades de crecimiento ciudadano, formativo y contributivo de cada barrio o urbanización en la ciudad y en el campo. Se trata de concebir y conformar a los consejos comunales como un espacio para el encuentro, para el debate constructivo en torno a la calidad de vida de cada uno de los componentes de la comunidad.
Para que los consejos comunales puedan funcionar de manera efectiva, incluyente y democrática se necesita del establecimiento de reglas claras y, del compromiso ético y práctico con el cumplimiento de esas reglas. Además, se hace necesaria una actitud favorable hacia el aprendizaje cívico, hacia el trabajo en equipo y hacia la responsabilidad compartida. Esas son las llaves de la victoria en la batalla por los consejos comunales.
martes, abril 24, 2007
PUM
No se asuste. PUM, son las siglas correspondientes al Plan Urbano Metropolitano que se propone ahora desde la Alcaldía Metropolitana, como medio para que Caracas se convierta en la “primera gran ciudad socialista de Venezuela y América Latina”. Y para ello, la Alcaldía propone convertir a Caracas en una “ciudad-región”, poli-céntrica, planificada como un proceso de cambio y protagonizada por las comunidades.
En realidad, esta es la segunda aproximación al problema de la organización política-territorial, urbano y urbanístico que se intenta desde el gobierno metropolitano. Durante el año 2005, hubo algunos escarceos alrededor del tema de impulsar una “estatuyente metropolitana” para redefinir el futuro de la ciudad. Los alcaldes Barreto, Capriles y López llegaron a coincidir y suscribir la conveniencia de realizar un evento como la “estatuyente”; pero luego de algún tiempo, la idea quedó en el olvido.
La propuesta de impulsar un Plan Urbano Metropolitano, es razonable. Pero tampoco es nada extraordinario ni novedoso; pues la Alcaldía Metropolitana tiene entre sus atribuciones legales diseñar un plan de ordenamiento urbanístico. En todo caso, el PUM tendrá indefectiblemente que ser sometido a un largo proceso de consulta, que debe incluir a todos las autoridades públicas locales, estadales y nacionales relacionadas con el Área Metropolitana de Caracas –e incluso más allá-; también a los representantes vecinales y sectoriales del Consejo Metropolitano de Políticas Públicas, de los Consejos Locales de Planificación Pública, de los Consejos Comunales y, sobre todo de los ciudadanos y ciudadanas de esta metrópolis. Sin una consulta pública incluyente y técnicamente realizada, el PUM carecerá de viabilidad, con el riesgo de convertirse en un ícono simbólico y propagandístico. Nada más.
Caracas necesita –y reclama a gritos- la atención oficial, que trascienda ahora mismo un adjetivo socialista o un nombre explosivo. De lo que se trata, es de diseñar y ejecutar políticas públicas en forma coordinada, responsable, eficaz y eficiente. ¿Por qué se no empieza por realizar los planes de desarrollo urbano local, que todos los municipios tienen en mora? ¿Y por qué no se defiende la descentralización, amenazada nuevamente? ¿O, acaso esos temas no caben en el PUM?
En realidad, esta es la segunda aproximación al problema de la organización política-territorial, urbano y urbanístico que se intenta desde el gobierno metropolitano. Durante el año 2005, hubo algunos escarceos alrededor del tema de impulsar una “estatuyente metropolitana” para redefinir el futuro de la ciudad. Los alcaldes Barreto, Capriles y López llegaron a coincidir y suscribir la conveniencia de realizar un evento como la “estatuyente”; pero luego de algún tiempo, la idea quedó en el olvido.
La propuesta de impulsar un Plan Urbano Metropolitano, es razonable. Pero tampoco es nada extraordinario ni novedoso; pues la Alcaldía Metropolitana tiene entre sus atribuciones legales diseñar un plan de ordenamiento urbanístico. En todo caso, el PUM tendrá indefectiblemente que ser sometido a un largo proceso de consulta, que debe incluir a todos las autoridades públicas locales, estadales y nacionales relacionadas con el Área Metropolitana de Caracas –e incluso más allá-; también a los representantes vecinales y sectoriales del Consejo Metropolitano de Políticas Públicas, de los Consejos Locales de Planificación Pública, de los Consejos Comunales y, sobre todo de los ciudadanos y ciudadanas de esta metrópolis. Sin una consulta pública incluyente y técnicamente realizada, el PUM carecerá de viabilidad, con el riesgo de convertirse en un ícono simbólico y propagandístico. Nada más.
Caracas necesita –y reclama a gritos- la atención oficial, que trascienda ahora mismo un adjetivo socialista o un nombre explosivo. De lo que se trata, es de diseñar y ejecutar políticas públicas en forma coordinada, responsable, eficaz y eficiente. ¿Por qué se no empieza por realizar los planes de desarrollo urbano local, que todos los municipios tienen en mora? ¿Y por qué no se defiende la descentralización, amenazada nuevamente? ¿O, acaso esos temas no caben en el PUM?
viernes, abril 20, 2007
LA LEY DE LOS CONSEJOS COMUNALES UN AÑO DESPUES (y II)
Los consejos comunales han revitalizado el debate de la organización comunitaria en cada urbanización o barrio del país. De eso, no hay dudas. Tampoco hay dudas en cuanto a la “democratización” del conocimiento, del uso y empleo de las técnicas de gestión de proyectos; por parte de las comunidades ricas, medias y pobres. Además, los consejos comunales se presentan como un importante semillero de renovación del liderazgo social e incluso político. Sin embargo, temas como su relación con órganos del poder público municipal, su articulación con las entidades del poder nacional y la conformación de un llamado poder comunal, siguen presentado opacidades. Veamos.
Los consejos comunales y el poder público municipal
Mucho se ha especulado -en la opinión pública y en la opinión del público (que es otra cosa)-, sobre la sustitución de los órganos del poder público municipal por los consejos comunales o por mancomunidades, federaciones o confederaciones de estos. Carlos Escarrá, diputado oficialista, desde hace algún tiempo viene sugiriendo que los consejos comunales, en el mediano y largo plazo podrían desplazar a las estructuras municipales. Algunos dirigentes populares oficialistas han coincidido con esa visión; por ejemplo, en el consejo comunal de “El Amparo” de Catia (Caracas, Distrito Capital), se cuestiona la existencia de la Alcaldía Metropolitana, por ser una estructura semejante al Consejo Local de Planificación Pública (El Nacional, 4 de febrero de 2007).
La propuesta de sustituir las instancias de poder público municipal por consejos comunales; además de aspectos políticos, tiene connotaciones técnicas muy interesantes. Los municipios son hasta el presente, las unidades político-territoriales primarias de la organización. Es decir, sobre ellos; se erige toda la estructura institucional del Estado. Los municipios además, son autónomos; y en tal sentido, pueden elegir y revocar a sus autoridades, gestionar las materias de su competencia; y, algo muy importante, los municipios pueden crear, recaudar e invertir sus ingresos.
Hay otras particularidades institucionales a considerar en la propuesta de sustituir a las entidades municipales por consejos comunales o mancomunidades, federaciones y confederaciones de estos. Una de esas particularidades, es que los municipios cumplen sus atribuciones y competencias; mediante una estricta división funcional. Por ejemplo, la función ejecutiva del municipio, le corresponde al Alcalde y sus dependencias administrativas; la función legislativa y deliberante (es decir, aquella que aprueba las ordenanzas) le corresponde al Concejo Municipal; la función contralora es atribución de la Contraloría Municipal; y por último, la función planificadora que es ejercida en corresponsabilidad entre el Ejecutivo Municipal y el Consejo Local de Planificación Pública.
Otra particularidad que tendrían que tomar en consideración aquellos proponentes de la desaparición de los municipios, son sus características profundamente democráticas y populares. Y en efecto, es bueno recordar, que las autoridades públicas locales (alcaldes, concejales y miembros de juntas parroquiales) son electos mediante el voto directo, universal y directo de los ciudadanos de su localidad. Además, la figura del contralor municipal es designada por la cámara municipal; mediante un concurso público, para el que las comunidades organizadas pueden presentar sus propios candidatos. Y por si fuera poco, los miembros vecinales del CLPP, son electos en una asamblea de voceros de los consejos comunales.
De tal manera, que una propuesta de sustituir a las entidades municipales por consejos comunales -si pretende ser seria-, debe pasearse por los aspectos institucionales que he mencionado en los párrafos anteriores. La reducción de la participación popular a los consejos comunales, puede interponer de manera errónea y peligrosa, un “nuevo compartimiento estanco” entre el pueblo y alcaldías, concejos municipales o juntas parroquiales.
¿Entonces están reñidos los consejos comunales con el poder público municipal? ¿Son instancias contrapuestas? En ambas interrogantes, la respuesta es absolutamente negativa. Los consejos comunales pueden en efecto convertirse en unos formidables medios de inclusión ciudadana en la gestión de gobierno (y a ello apuesto con toda decisión, desde mi actividad académica y comunitaria). Temas como la planificación del futuro de un municipio, de una parroquia, urbanización o barrio se encuentran inexorablemente articulados a la opinión vecinal. De esto, no hay dudas. De igual forma, ocurre con determinación del destino de la inversión anual de los recursos presupuestarios en obras de infraestructura y servicios públicos. Ese es otro pivote fundamental para la actividad ordinaria de los consejos comunales o de cualquier forma asociativa comunitaria o social. Igual, pasa con la posibilidad de que estas asociaciones ciudadanas puedan co-ejecutar ciertas obras puntuales en su comunidad. Por último, el control y la evaluación de las políticas públicas serían el otro mecanismo de fluida interacción entre consejos comunales, asambleas ciudadanas, vecinos y vecinas y autoridades públicas. Fuera de estos ejes de relación, lo demás comienza a tornarse en ideología; es decir, en una “falsa conciencia de la realidad”.
Bajo ese enfoque, en nuestro país podemos citar distintas experiencias en materia de cooperación y co-gobierno entre alcaldías y consejos comunales. Las experiencias de los municipios San Francisco (estado Zulia); Irribaren (estado Lara); Chacao (estado Miranda); Valencia (estado Carabobo) y Caroní (estado Bolívar); entre muchas otras, son indicativas de ello. Por lo tanto, es posible pensar en una relación positiva y constructiva entre las instancias del poder público municipal y los consejos comunales.
Para sectores del oficialismo, los municipios y por ende, sus estructuras de gobierno son objeto de un interés supremo. No en balde, en el I Encuentro de Consejos Comunales, realizado en la ciudad de Caracas (Venezuela), durante el pasado mes de Febrero de 2007 se propuso entre sus conclusiones, la eliminación de los Consejos Locales de Planificación Pública (CLPP); y la reforma de una serie de artículos de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; vinculados a la organización municipal; tales como: el número 168 (referido al municipio); el número 174 (que define al Alcalde o alcaldesa como responsable del gobierno y administración del municipio; y también como su primera autoridad civil); el número 175 (que define las funciones legislativas en el Concejo Municipal) y el número 182 (que crea a los Consejos Locales de Planificación Pública).
Los consejos comunales y el poder central
Así como la relación entre los consejos comunales y el gobierno local es un tema importante, que incluso pretende modificar la estructura del gobierno local; el carácter de las relaciones entre los mismos consejos comunales y el gobierno nacional son consideradas estratégicas y hasta se les otorga un carácter epopéyico. ¿La razón? Es muy sencilla, la vocación centralista y concentradora de poder del “núcleo dirigente” del proceso revolucionario.
Y es que, con la creación del Fondo Nacional de los Consejos Comunales y de las Comisiones Presidenciales del Poder Popular que incluye la Ley de los Consejos Comunales, esa vocación centralista quedó completamente al descubierto.
El Fondo Nacional de los Consejos Comunales; por ejemplo, sería el “administrador y distribuidor centralizado” de los recursos financieros para los proyectos aprobados por las asambleas de ciudadanos de cada consejo comunal. Este servicio autónomo sin personalidad jurídica, estaría adscrito al Ministerio de Finanzas; y financiaría aquellos proyectos comunitarios, sociales y productivos (en sus componentes financieros y no financieros) que fueran presentados –léase bien- por la Comisión Nacional Presidencial del Poder Popular. En este proceso quedan fuera alcaldías y gobernaciones; y por lo tanto, se “echa por la borda” la posibilidad de impulsar un desarrollo sostenible y sustentable, considerando las realidades locales y estadales. Por otra parte, el tan cacareado “sistema nacional de planificación” queda absolutamente desarticulado o al menos reestructurado al margen del marco institucional y participativo que determina; por ejemplo, la Ley Orgánica de Planificación.
Lo paradójico de todo esto, es que después de un año de la promulgación de la Ley de los Consejos Comunales; y de once meses de la promulgación del Reglamento Orgánico del Servicio Autónomo “Fondo Nacional de los Consejos Comunales”; esta entidad oficial aún no haya entrado en funcionamiento. Este fracaso operativo ha hecho que los mismos procedimientos contemplados por el gobierno nacional para la tramitación de proyectos comunitarios, hayan tenido que ser violentados para satisfacer las expectativas creadas en los sectores populares.
Igual ocurrió con las Comisiones Presidenciales del Poder Popular de carácter regional y local. Las comisiones estadales tuvieron que ser delegadas en FUNDACOMÚN (un viejo y venerable instituto autónomo creado en los años sesenta para el desarrollo comunitario). Las comisiones locales (una por municipio), hasta este momento no han podido ser instaladas. Por supuesto, y con sus excepciones, alrededor de estas comisiones que además tendrían que registrar a los consejos comunales conformados, se ha tejido una redecilla de relaciones clientelistas que sólo han logrado entorpecer la expansión de los consejos comunales.
En el discurso oficialista pregona de manera constante la autonomía de los consejos comunales y su adscripción a ningún ente en particular. Pero este pregón se debilita ante la realidad de la propia Ley de los Consejos Comunales (LCC) y las relaciones de sujeción de los consejos comunales; por ante las Comisiones Presidenciales del Poder Popular. Un claro ejemplo, de esta condición lo encontramos reflejado, en la propuesta de reforma, número seis, de la LCC elaborada en el I Encuentro de Consejos Comunales, y que sugiere “que las comisiones presidenciales locales, municipales, parroquiales, estadales sean elegidas desde sus bases y luego aprobadas por el Presidente”. ¿Y qué pasa si el Presidente no aprueba las elecciones desde la base, nos quedamos tranquilitos?
La propia Constitución Bolivariana determina el conjunto de órganos, instancias y procedimientos de participación en el gobierno por cada nivel político-territorial. En tal sentido, los consejos comunales tienen indefectiblemente que someterse a las reglas que establece el marco legal vigente. A los consejos comunales se les está engañando con el tema de su autonomía. En realidad, lo que su busca es su dependencia del poder central. No olvidemos que el modelo de desarrollo descentralizado es “muy mal visto” por el gobierno revolucionario, que prefiere las bondades de un patrón de desarrollo basado en la preponderancia de una visión estatista y planificada centralmente; es decir, socialista.
El otro sesgo que marca la relación entre los consejos comunales y el poder nacional es el financiero. En efecto, el propio Presidente de la República emprendió una cruzada nacional enunciando la distribución de recursos financieros para los consejos comunales. Incluso desde antes de la promulgación de la LCC desde el Ejecutivo Nacional, se asignaron recursos económicos a determinados consejos comunales. La distribución de los recursos financieros a los consejos comunales ha sido desordenada o por lo menos, no ha sido congruente con los planes y políticas de desarrollo local, que hayan previsto las autoridades públicas estadales y municipales. Esta situación, además de los consecuentes problemas contables que genera, refuerza la dependencia de comunidades hacia el poder centralizado en detrimento de su vinculación y referencia con los niveles gubernamentales más cercanos a su realidad.
La propuesta del poder comunal
La propuesta del poder comunal aún se prepara en el más absoluto secreto. No cabe duda que, esta modalidad de preparar las decisiones públicas se corresponde a los viejos métodos leninistas (o bolcheviques): en la cual una cerrada vanguardia piensa y repiensa las políticas que luego impulsará (y discutirá) ante sus dirigidos. Pero también nos queda claro, que el propósito de crear un poder comunal puede resultar algo muy dificultoso hasta para el “núcleo dirigente” de la revolución venezolana. Se conoce de antemano la intención de supeditar toda la acción del nuevo poder comunal a los designios del Presidente de la República; y si bien eso ayuda en buena medida a los diseñadores oficialistas; aún les quedan ciertas tareas pendientes.
Una de ellas, la constituye la justificación jurídica de la liquidación de las asambleas de ciudadanos como máxima instancia de decisión local; tal como están previstas en la Constitución Bolivariana y otras leyes vigentes. Y es que el gobierno ha venido progresivamente obviando la importancia de las funciones de las asambleas de ciudadanos y ciudadanas, en abierta contraposición a su discurso de “democracia directa”. En efecto, la gestión oficial se ha focalizado en la conformación de “formas asociativas de carácter representativo” como los consejos comunales. Un poder popular basado en una red de asambleas ciudadanas tendría una trascendencia diferente en lo político y organizativo; pero también sería mucho más difícil de controlar y estatizar. De tal manera, que los consejos comunales resultan mucho más viables para su conversión en instancias de poder estatal.
El tema de la estructuración del poder comunal no es sencillo; por ejemplo: ¿sus integrantes serán funcionarios públicos; es decir, cobrarán algún estipendio o continuarán trabajando gratuitamente? Y este es un aspecto crucial a resolver, para la viabilidad política del nuevo poder, porque hay una enorme expectativa de los activistas sociales y comunitarios que aspiran –en forma legítima- resolver su problema de empleo obteniendo un ingreso por su participación en los consejos comunales. En otras palabras, de esta decisión dependerá el crecimiento o no, de la nómina del Estado; así como también de la viabilidad económico-financiera del mismo y la complacencia de las aspiraciones de vastos sectores populares que se han ilusionado con los incentivos económicos que reiteradamente ofrece el gobierno.
El poder comunal, desde un punto de “vista técnico” y, si aspira a convertirse en un nuevo instrumento de gobierno, debería ser estructurado en consonancia con una serie de principios éticos insoslayables; tales como: autonomía, honestidad, participación, inclusión, pluralidad, celeridad, eficacia, eficiencia, transparencia, rendición de cuentas y responsabilidad para el cumplimiento de sus funciones. Sin embargo, no creo que esa sea la orientación definitiva de los valores que predominen en los diseñadores del sistema. Es más, pareciera que el esquema del poder comunal se fundamentará en la ideología marxista-leninista –sustento teórico de la revolución socialista- con lo cual este será excluyente y ¿persecutorio? de la mayoría de los movimientos sociales y comunitarios independientes que siguen bregando en la defensa de los derechos democráticos en Venezuela. Quedamos pendientes.
Los consejos comunales y el poder público municipal
Mucho se ha especulado -en la opinión pública y en la opinión del público (que es otra cosa)-, sobre la sustitución de los órganos del poder público municipal por los consejos comunales o por mancomunidades, federaciones o confederaciones de estos. Carlos Escarrá, diputado oficialista, desde hace algún tiempo viene sugiriendo que los consejos comunales, en el mediano y largo plazo podrían desplazar a las estructuras municipales. Algunos dirigentes populares oficialistas han coincidido con esa visión; por ejemplo, en el consejo comunal de “El Amparo” de Catia (Caracas, Distrito Capital), se cuestiona la existencia de la Alcaldía Metropolitana, por ser una estructura semejante al Consejo Local de Planificación Pública (El Nacional, 4 de febrero de 2007).
La propuesta de sustituir las instancias de poder público municipal por consejos comunales; además de aspectos políticos, tiene connotaciones técnicas muy interesantes. Los municipios son hasta el presente, las unidades político-territoriales primarias de la organización. Es decir, sobre ellos; se erige toda la estructura institucional del Estado. Los municipios además, son autónomos; y en tal sentido, pueden elegir y revocar a sus autoridades, gestionar las materias de su competencia; y, algo muy importante, los municipios pueden crear, recaudar e invertir sus ingresos.
Hay otras particularidades institucionales a considerar en la propuesta de sustituir a las entidades municipales por consejos comunales o mancomunidades, federaciones y confederaciones de estos. Una de esas particularidades, es que los municipios cumplen sus atribuciones y competencias; mediante una estricta división funcional. Por ejemplo, la función ejecutiva del municipio, le corresponde al Alcalde y sus dependencias administrativas; la función legislativa y deliberante (es decir, aquella que aprueba las ordenanzas) le corresponde al Concejo Municipal; la función contralora es atribución de la Contraloría Municipal; y por último, la función planificadora que es ejercida en corresponsabilidad entre el Ejecutivo Municipal y el Consejo Local de Planificación Pública.
Otra particularidad que tendrían que tomar en consideración aquellos proponentes de la desaparición de los municipios, son sus características profundamente democráticas y populares. Y en efecto, es bueno recordar, que las autoridades públicas locales (alcaldes, concejales y miembros de juntas parroquiales) son electos mediante el voto directo, universal y directo de los ciudadanos de su localidad. Además, la figura del contralor municipal es designada por la cámara municipal; mediante un concurso público, para el que las comunidades organizadas pueden presentar sus propios candidatos. Y por si fuera poco, los miembros vecinales del CLPP, son electos en una asamblea de voceros de los consejos comunales.
De tal manera, que una propuesta de sustituir a las entidades municipales por consejos comunales -si pretende ser seria-, debe pasearse por los aspectos institucionales que he mencionado en los párrafos anteriores. La reducción de la participación popular a los consejos comunales, puede interponer de manera errónea y peligrosa, un “nuevo compartimiento estanco” entre el pueblo y alcaldías, concejos municipales o juntas parroquiales.
¿Entonces están reñidos los consejos comunales con el poder público municipal? ¿Son instancias contrapuestas? En ambas interrogantes, la respuesta es absolutamente negativa. Los consejos comunales pueden en efecto convertirse en unos formidables medios de inclusión ciudadana en la gestión de gobierno (y a ello apuesto con toda decisión, desde mi actividad académica y comunitaria). Temas como la planificación del futuro de un municipio, de una parroquia, urbanización o barrio se encuentran inexorablemente articulados a la opinión vecinal. De esto, no hay dudas. De igual forma, ocurre con determinación del destino de la inversión anual de los recursos presupuestarios en obras de infraestructura y servicios públicos. Ese es otro pivote fundamental para la actividad ordinaria de los consejos comunales o de cualquier forma asociativa comunitaria o social. Igual, pasa con la posibilidad de que estas asociaciones ciudadanas puedan co-ejecutar ciertas obras puntuales en su comunidad. Por último, el control y la evaluación de las políticas públicas serían el otro mecanismo de fluida interacción entre consejos comunales, asambleas ciudadanas, vecinos y vecinas y autoridades públicas. Fuera de estos ejes de relación, lo demás comienza a tornarse en ideología; es decir, en una “falsa conciencia de la realidad”.
Bajo ese enfoque, en nuestro país podemos citar distintas experiencias en materia de cooperación y co-gobierno entre alcaldías y consejos comunales. Las experiencias de los municipios San Francisco (estado Zulia); Irribaren (estado Lara); Chacao (estado Miranda); Valencia (estado Carabobo) y Caroní (estado Bolívar); entre muchas otras, son indicativas de ello. Por lo tanto, es posible pensar en una relación positiva y constructiva entre las instancias del poder público municipal y los consejos comunales.
Para sectores del oficialismo, los municipios y por ende, sus estructuras de gobierno son objeto de un interés supremo. No en balde, en el I Encuentro de Consejos Comunales, realizado en la ciudad de Caracas (Venezuela), durante el pasado mes de Febrero de 2007 se propuso entre sus conclusiones, la eliminación de los Consejos Locales de Planificación Pública (CLPP); y la reforma de una serie de artículos de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; vinculados a la organización municipal; tales como: el número 168 (referido al municipio); el número 174 (que define al Alcalde o alcaldesa como responsable del gobierno y administración del municipio; y también como su primera autoridad civil); el número 175 (que define las funciones legislativas en el Concejo Municipal) y el número 182 (que crea a los Consejos Locales de Planificación Pública).
Los consejos comunales y el poder central
Así como la relación entre los consejos comunales y el gobierno local es un tema importante, que incluso pretende modificar la estructura del gobierno local; el carácter de las relaciones entre los mismos consejos comunales y el gobierno nacional son consideradas estratégicas y hasta se les otorga un carácter epopéyico. ¿La razón? Es muy sencilla, la vocación centralista y concentradora de poder del “núcleo dirigente” del proceso revolucionario.
Y es que, con la creación del Fondo Nacional de los Consejos Comunales y de las Comisiones Presidenciales del Poder Popular que incluye la Ley de los Consejos Comunales, esa vocación centralista quedó completamente al descubierto.
El Fondo Nacional de los Consejos Comunales; por ejemplo, sería el “administrador y distribuidor centralizado” de los recursos financieros para los proyectos aprobados por las asambleas de ciudadanos de cada consejo comunal. Este servicio autónomo sin personalidad jurídica, estaría adscrito al Ministerio de Finanzas; y financiaría aquellos proyectos comunitarios, sociales y productivos (en sus componentes financieros y no financieros) que fueran presentados –léase bien- por la Comisión Nacional Presidencial del Poder Popular. En este proceso quedan fuera alcaldías y gobernaciones; y por lo tanto, se “echa por la borda” la posibilidad de impulsar un desarrollo sostenible y sustentable, considerando las realidades locales y estadales. Por otra parte, el tan cacareado “sistema nacional de planificación” queda absolutamente desarticulado o al menos reestructurado al margen del marco institucional y participativo que determina; por ejemplo, la Ley Orgánica de Planificación.
Lo paradójico de todo esto, es que después de un año de la promulgación de la Ley de los Consejos Comunales; y de once meses de la promulgación del Reglamento Orgánico del Servicio Autónomo “Fondo Nacional de los Consejos Comunales”; esta entidad oficial aún no haya entrado en funcionamiento. Este fracaso operativo ha hecho que los mismos procedimientos contemplados por el gobierno nacional para la tramitación de proyectos comunitarios, hayan tenido que ser violentados para satisfacer las expectativas creadas en los sectores populares.
Igual ocurrió con las Comisiones Presidenciales del Poder Popular de carácter regional y local. Las comisiones estadales tuvieron que ser delegadas en FUNDACOMÚN (un viejo y venerable instituto autónomo creado en los años sesenta para el desarrollo comunitario). Las comisiones locales (una por municipio), hasta este momento no han podido ser instaladas. Por supuesto, y con sus excepciones, alrededor de estas comisiones que además tendrían que registrar a los consejos comunales conformados, se ha tejido una redecilla de relaciones clientelistas que sólo han logrado entorpecer la expansión de los consejos comunales.
En el discurso oficialista pregona de manera constante la autonomía de los consejos comunales y su adscripción a ningún ente en particular. Pero este pregón se debilita ante la realidad de la propia Ley de los Consejos Comunales (LCC) y las relaciones de sujeción de los consejos comunales; por ante las Comisiones Presidenciales del Poder Popular. Un claro ejemplo, de esta condición lo encontramos reflejado, en la propuesta de reforma, número seis, de la LCC elaborada en el I Encuentro de Consejos Comunales, y que sugiere “que las comisiones presidenciales locales, municipales, parroquiales, estadales sean elegidas desde sus bases y luego aprobadas por el Presidente”. ¿Y qué pasa si el Presidente no aprueba las elecciones desde la base, nos quedamos tranquilitos?
La propia Constitución Bolivariana determina el conjunto de órganos, instancias y procedimientos de participación en el gobierno por cada nivel político-territorial. En tal sentido, los consejos comunales tienen indefectiblemente que someterse a las reglas que establece el marco legal vigente. A los consejos comunales se les está engañando con el tema de su autonomía. En realidad, lo que su busca es su dependencia del poder central. No olvidemos que el modelo de desarrollo descentralizado es “muy mal visto” por el gobierno revolucionario, que prefiere las bondades de un patrón de desarrollo basado en la preponderancia de una visión estatista y planificada centralmente; es decir, socialista.
El otro sesgo que marca la relación entre los consejos comunales y el poder nacional es el financiero. En efecto, el propio Presidente de la República emprendió una cruzada nacional enunciando la distribución de recursos financieros para los consejos comunales. Incluso desde antes de la promulgación de la LCC desde el Ejecutivo Nacional, se asignaron recursos económicos a determinados consejos comunales. La distribución de los recursos financieros a los consejos comunales ha sido desordenada o por lo menos, no ha sido congruente con los planes y políticas de desarrollo local, que hayan previsto las autoridades públicas estadales y municipales. Esta situación, además de los consecuentes problemas contables que genera, refuerza la dependencia de comunidades hacia el poder centralizado en detrimento de su vinculación y referencia con los niveles gubernamentales más cercanos a su realidad.
La propuesta del poder comunal
La propuesta del poder comunal aún se prepara en el más absoluto secreto. No cabe duda que, esta modalidad de preparar las decisiones públicas se corresponde a los viejos métodos leninistas (o bolcheviques): en la cual una cerrada vanguardia piensa y repiensa las políticas que luego impulsará (y discutirá) ante sus dirigidos. Pero también nos queda claro, que el propósito de crear un poder comunal puede resultar algo muy dificultoso hasta para el “núcleo dirigente” de la revolución venezolana. Se conoce de antemano la intención de supeditar toda la acción del nuevo poder comunal a los designios del Presidente de la República; y si bien eso ayuda en buena medida a los diseñadores oficialistas; aún les quedan ciertas tareas pendientes.
Una de ellas, la constituye la justificación jurídica de la liquidación de las asambleas de ciudadanos como máxima instancia de decisión local; tal como están previstas en la Constitución Bolivariana y otras leyes vigentes. Y es que el gobierno ha venido progresivamente obviando la importancia de las funciones de las asambleas de ciudadanos y ciudadanas, en abierta contraposición a su discurso de “democracia directa”. En efecto, la gestión oficial se ha focalizado en la conformación de “formas asociativas de carácter representativo” como los consejos comunales. Un poder popular basado en una red de asambleas ciudadanas tendría una trascendencia diferente en lo político y organizativo; pero también sería mucho más difícil de controlar y estatizar. De tal manera, que los consejos comunales resultan mucho más viables para su conversión en instancias de poder estatal.
El tema de la estructuración del poder comunal no es sencillo; por ejemplo: ¿sus integrantes serán funcionarios públicos; es decir, cobrarán algún estipendio o continuarán trabajando gratuitamente? Y este es un aspecto crucial a resolver, para la viabilidad política del nuevo poder, porque hay una enorme expectativa de los activistas sociales y comunitarios que aspiran –en forma legítima- resolver su problema de empleo obteniendo un ingreso por su participación en los consejos comunales. En otras palabras, de esta decisión dependerá el crecimiento o no, de la nómina del Estado; así como también de la viabilidad económico-financiera del mismo y la complacencia de las aspiraciones de vastos sectores populares que se han ilusionado con los incentivos económicos que reiteradamente ofrece el gobierno.
El poder comunal, desde un punto de “vista técnico” y, si aspira a convertirse en un nuevo instrumento de gobierno, debería ser estructurado en consonancia con una serie de principios éticos insoslayables; tales como: autonomía, honestidad, participación, inclusión, pluralidad, celeridad, eficacia, eficiencia, transparencia, rendición de cuentas y responsabilidad para el cumplimiento de sus funciones. Sin embargo, no creo que esa sea la orientación definitiva de los valores que predominen en los diseñadores del sistema. Es más, pareciera que el esquema del poder comunal se fundamentará en la ideología marxista-leninista –sustento teórico de la revolución socialista- con lo cual este será excluyente y ¿persecutorio? de la mayoría de los movimientos sociales y comunitarios independientes que siguen bregando en la defensa de los derechos democráticos en Venezuela. Quedamos pendientes.
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